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martes, 28 de febrero de 2012

Musulmanes radicales quieren implantar la sharía en Europa

Cuando Abu Imran, portavoz del grupo "Sharia4Belgium", instó la pasada primavera a Carla Bruni a divorciarse de Sarkozy y convertirse al islam, se alzó como un destacado líder dentro de estos colectivos musulmanes radicales en Europa. Son pocos, pero hacen mucho ruido: alimentan los anhelos conquistadores de unos y los miedos a una invasión extranjera de otros. Se proclaman contrarios a la democracia, creen ciegamente que Europa será un día territorio musulmán y luchan abiertamente por imponer sus valores. En declaraciones exclusivas a ABC, Abu Imran, líder de "ShariaforBelgium" afirman que "un musulmán de verdad no utiliza la democracia para alcanzar el poder y establecer el islam. Participar en las elecciones sin creer en ellas es un engaño. En un estado de guerra, está permitido engañar a los enemigos, pero en asuntos de política no vemos a los infieles como enemigos, sino aliados con los que establecer pactos".

Sus homólogos en Holanda, "ShariaforHolland", desarrollan un poco más esta teoría: "Como musulmanes, creemos que hay un pacto con los infieles para que nuestras familias y nuestra riqueza estén protegidas, por eso no podemos engañarles. Por eso somos sinceros y decimos alto y claro cuáles son nuestras intenciones. Ya lo dijo Alá, el mundo entero estará regido por mis leyes".

Según los expertos, en los últimos años ha habido un evidente cambio de estrategia en la forma en que este tipo de grupos fundamentalistas se dirige a la sociedad: "Son segundas y terceras generaciones de grupos que comenzaron en la década de los noventa, durante la guerra de los Balcanes, especialmente en Reino Unido, y que han aprendido cómo moverse en el límite de lo legal. Saben qué cosas pueden decir y qué cosas no. Además, han sabido muy bien adaptarse a las nuevas tecnologías para llegar a más gente y difundir su mensaje", explica Lorenzo Vidino, experto en islamismo y violencia en Europa.

Las consecuencias de este tipo de declaraciones radicales y de comportamientos extremos son preocupantes, especialmente para la gran mayoría de musulmanes que no pertenece a estos grupos fundamentalistas. Edwin Bakker, director del Centro Internacional de Terrorismo y Contraterrorismo (International Centre for Counter-Terrorism), situado en La Haya (Holanda), afirma que "las actividades de unos pocos musulmanes radicales tienen un impacto en la imagen de la comunidad musulmana en su conjunto. A todos se les considera extremistas que quieren conquistar Europa. Y algunos políticos y medios de comunicación les dan crédito". Sin embargo, y a un nivel más local, "estos grupos pueden suponer un problema para quienes no viven de acuerdo con sus reglas", señala.

Muchos de estos colectivos radicales ya patrullan las calles de distintas ciudades europeas con el objetivo de establecer la sharía (ley islámica) y "mantener a los jóvenes musulmanes apartados de las drogas y el alcohol", en palabras de Adnan Avdic, miembro de Los Seguidores del Profeta, un grupo fundamentalista islámico en Dinamarca1. Uno de los líderes musulmanes más conocido —y polémico— en Reino Unido, Anjem Choudary, asegura que, muy pronto, el islamismo se hará tan fuerte en Europa como para evitar la entrada de infieles a determinadas áreas: "Se prevé que pronto seremos tantos como para conseguir el control, la seguridad y la autoridad en algunos lugares, donde implantaremos la ley islámica y evitaremos la entrada de intrusos".

Sus hermanos musulmanes de "ShariaforBelgium" y "ShariaforHolland" corroboran sus palabras: "Cada vez hay más no-musulmanes que se dan cuenta de esta realidad. El establecimiento de la sharía no sólo ayudaría a nuestros países, también salvaría a la sociedad de la miseria que la ley humana ha causado: la explotación de mujeres terminaría, el alcohol se prohibiría y el gas, el agua y la electricidad serían gratis para todos".

Este tipo de declaraciones da alas a quienes temen por el futuro de los valores occidentales. Y a aquellos que hablan de una radicalización del islam. Sin embargo, para Rik Coolsaet, autor de varios libros sobre terrorismo islámico y miembro de la Red Europea de Expertos en Radicalización (ENER, sus siglas en inglés), "son muchos quienes meten en el mismo saco a las mujeres que usan velo, a los hombres que llevan pantalones salafistas (por encima del tobillo), a los predicadores y a los propios terroristas, y hablan de radicalización. Esto vacía la palabra de significado. La realidad es que el número de musulmanes integrados en la sociedad crece".

Lo que no significa que esta minoría no suponga ninguna amenaza. Según Edwin Bakker, "los servicios secretos deben seguirlos de cerca. Pero la mejor defensa contra ellos es el enorme grupo de musulmanes moderados que reniegan de las ideas retrógradas de unos pocos que sólo son expertos en crear problemas".





Fuente: ABC.es
Autor: Ana Martinez / Corresponsal en Copenhaguen
Fotografía: Musulmanes radicales se manifiestan en Amsterdam a favor de la implantación de la ley islámica
Referencia: 1. Gendarmes de la sharía en Europa. Por Ana Martínez / Abc.es
Nota:
adjunto al texto principal,

• Juicios en teterías y mezquitas. Por A. Martínez

Un sistema judicial paralelo, una corte que dicta sentencia ajena a las leyes democráticas. Jueces que usan la sharía. El riesgo de islamización de la justicia es un asunto que preocupa a los expertos. «A un musulmán le está prohibido acudir a la Policía o al juzgado, lugares regidos por leyes hechas por el hombre y que se modifican en función de los deseos de unos y otros. Utilizamos las leyes de Alá para resolver los conflictos internos y pedimos a nuestros hermanos musulmanes que no acudan a esos teatros», explican portavoces de «Sharia4Holland» y «ShariaforBelgium». Mezquitas y teterías de Munich, Amsterdam, Londres o Copenhague son testigos silenciosos de juicios y sentencias dictadas por sabios musulmanes.






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viernes, 29 de enero de 2010

Sharía & Derecho a la Apostasía: Rifqa Bary no tendrá que volver a su hogar musulmán.

Rifqa Bary cumplirá los 18 años en agosto de este año, cuando por fin podrá decidir qué hacer con su vida, como cualquier joven americano. Pero el camino que recorrerá hasta esa fecha, tras convertirse al cristianismo, bien podría ser el de un guión de Hollywood. Se escapó de su casa en Ohio en dirección a Florida, por temor a la reacción de sus padres, de fe musulmana, cuando tenía 16 años.

Una orden judicial la obligó a regresar al Estado de Ohio, donde, finalmente, ha llegado a un acuerdo para permanecer en un centro de acogida hasta cumplir la mayoría de edad.

El acuerdo al que llegó la joven con sus padres es el siguiente: permanecería en un Centro de Acogida, bajo la custodia del Estado de Ohio, hasta cumplir los 18 años. Una vez que sea mayor de edad podrá decidir lo que desea hacer.

Bary huyó a Florida en julio del pasado año, diciendo que temía que su padre le hiciera daño o incluso que la matara por haber abandonado el Islam. Su padre lo ha negado, y una investigación de la aplicación de la ley de Florida no halló prueba alguna que apoyara las acusaciones de la menor.

En Florida, Bary se refugió en casa de Blake y Beverly Lorenz, pastores de la «Global Revolution Church» (Iglesia de la Revolución Global) a quienes encontró a través de un grupo de oración en Facebook. Los pastores están actualmente bajo una investigación para averiguar su responsabilidad en la ayuda a adolescentes que se fugan.

Sin embargo, la ley de Ohio ha protegido a Bary. Su abogado leyó una declaración en el Tribunal de Menores de Franklin County, en la que dijo que Bary y sus padres se quieren e intentarán resolver sus diferencias dejándose aconsejar por expertos.

El abogado John Stemberger, que representó a Bary cuando se vio su caso en Florida, dijo que el acuerdo era una victoria para los jóvenes. «Siempre que consigas un arreglo y obtengas lo que quieres, es mejor que ir a juicio», declaró al periódico Orlando Sentinel. «Si hablamos de lo que es mejor para Rifqa, esto es, sin duda, lo mejor».

CRISTIANA «A ESCONDIDAS»

Fátima Rifqa Bary se convirtió al cristianismo hace 4 años aunque no dijo nada a sus padres. Su contacto con la fe cristiana fue a través de una página en Facebook del pastor evangélico Blake Lorenz, de la Iglesia de la Revolución Global. Allí la joven conoció la fe en Jesús, para terminar convirtiéndose al cristianismo en un grupo de oración que formaba parte de la mencionada red social en Facebook; integrándose en una iglesia evangélica.

Pero inesperadamente un día algunos asistentes a la mezquita donde acudía la familia de Rifqa descubrieron la presencia de la joven en encuentros cristianos y la delataron a la familia. Entonces, el pasado mes de julio, huyó de su hogar diciendo que había recibido amenazas de muerte por razones de «honor» de parte de su padre, tal y como declaró a una corte judicial. La ley islámica de la sharía permite teóricamente a un musulmán el derecho a matar a quien abandone el islam para convertirse a otra religión. Aunque felizmente no todos los islámicos aceptan esta interpretación y práctica, hay casos en que así se ha producido.

HUIDA A FLORIDA-ORLANDO

Rifqa, tras huir, buscó refugio en Orlando (Florida) en el seno de la familia de un pastor evangélico, hasta que el Departamento de Niños y Familia (DCF) se hizo cargo de su cuidado; pasando entonces a alojarse desde el pasado mes de septiembre con una familia de acogida y pendiente de la decisión judicial que ahora se ha producido



Fuente: ProtestanteDigital.com

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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Dos tercios de la población mundial vive sin libertad religiosa real

Un exhaustivo informe presentado por el Pew Forum sobre Religión y Vida Pública demuestra que casi el 70 por ciento de la humanidad encuentra limitaciones a la práctica de su fe.
Encabezan la lista de países más restrictivos aquellos que aplican la "Sharia" islámica como norma judicial: Arabia Saudí, Pakistán o Libia. En otros países, las agresiones por motivos religiosos proceden de grupos sociales y no tanto del gobierno, como ocurre en Nigeria o Somalia. Países que caminan hacia la apertura, como Turquía o Egipto, todavía cuentan con severas limitaciones para una libertad religiosa efectiva y real.

El estudio presentado el 16 de diciembre por el Foro Pew no trae buenas noticias. La libertad religiosa, uno de los principios contenidos en los Derechos Humanos de Naciones Unidas, no es respetado en aproximadamente la mitad de los países del mundo. Y aunque los países que contienen las más altas restricciones religiosas son una minoría, éstos contienen al 70% de la población mundial. Sólo el 15 % de la población vive en una situación de libertad religiosa, y el 16 % restante se encuentra en territorios con libertades "moderadas". 6.800 millones de personas viven en países que tienen severas restricciones respecto a la religión.

El Foro Pew es un organismo internacional de investigación que "busca promover una comprensión más profunda de los problemas en la interrelación de la religión y los asuntos públicos", según informan en su página web. Fue constituido en el año 2001, y está integrado por expertos internacionales en religión y sociedad. El estudio, titulado "Restricciones globales sobre religión" es resultado del trabajo de tres años de investigación y análisis en todo el mundo, acudiendo a dieciséis fuentes de información, incluidos los informes del Departamento de Estado de EE.UU. y grupos de derechos humanos, así como las constituciones nacionales.

Entre los países con altas restricciones a la práctica religiosa, el estudio diferencia entre los que limitan la libertad desde los aparatos de poder: las leyes, el gobierno o la policía; y aquellos en los que la presión se ejerce por acciones individuales, o por grupos sociales organizados ajenos al poder político o legislativo.

Los países en los que se dan ambas circunstancias son los más restrictivos para el ejercicio libre de la fe. Esto sucede en Arabia Saudí, Pakistán e Irán, donde las leyes se ajustan a la "sharia" islámica y además hay una fuerte presión social hacia cualquier atisbo de libertad religiosa. No ocurre lo mismo en China o Vietnam, donde los gobiernos establecen fuertes restricciones para la práctica religiosa, pero no existe una presión social hacia aquellos que se saltan la norma. Justo lo contrario vive la población de Nigeria o Bangladesh: las leyes y los gobiernos permiten cierta libertad religiosa, pero existen grupos sociales que reaccionan con hostilidad y violencia ante otras religiones.

El mapa-mundi religioso dibuja un Noreste africano con escasa libertad religiosa, mientras que el continente americano, con la excepción de México, es la zona con mayor libertad.

HOSTILIDAD SOCIAL

Muchas veces, los informes acerca del ejercicio de las libertades en el mundo se centran en presentar los avances o retrocesos legislativos y judiciales de cada país en esta materia. Sin embargo, el informe Pew agrega una variable aún más interesante, la "hostilidades sociales". No son pocos los países del mundo que cuentan con gobiernos débiles, que en poco o nada representan las tendencias de la población.

El estudio completó esta categoría por medio de 13 preguntas que intentan detectar la violencia sectaria, los conflictos religiosos y hasta los crímenes cometidos hacia grupos religiosos concretos.

Sobre los conflictos entre religiones, el informe concluye que la tensión es manifiesta en el 87% de los países. Esta tensión se produce "sin violencia física" en el 23 % de los casos. El 42 % de los países registran violencia física en algunos casos, y hasta un 22 % lo detectan en numerosas ocasiones. Las conversiones también son perseguidas en el 29 % de los países del mundo. Casos como el asesinato de dos convertidos al cristianismo en Turquía dan fe de esta triste realidad.

Encabeza el ránking de hostilidad social Iraq, donde la presencia militar occidental no ha mermado las tensiones entre las facciones islámicas suníes y chiíes. Afganistán, Sudán, Pakistán, India, Bangladesh, Somalia, Sri Lanka y Arabia Saudí aparecen en los diez países más extremos. También Israel, que ocupa el séptimo puesto, donde los ultraortodoxos manifiestan su particular guerra contra todos aquellos que no pertenezcan a su religión. España aparece entre los países con poca hostilidad social, por encima de otros países europeos como Francia o Alemania, pero lejos de los más tolerantes: San Marino, Taiwan, Surinam o Corea del Sur, entre otros.

Entre los 25 países del mundo más poblados, India, Pakistán, Indonesia y Bangladesh presentan un nivel de hostilidad social definido como "muy alto". No son pocas las veces que encontramos sucesos de extrema violencia ante grupos religiosos minoritarios en estos países. En India y Pakistán los ataques a cristianos se producen a manos de grupos sociales que no siempre cuentan con el beneplácito de las autoridades del país, aunque sí con su inoperancia.

En este ránking de la vergüenza, países como Egipto, México, Rusia o Irán aparece con un nivel "alto". Entre los moderados aparecen la mayoría de los grandes países europeos y Estados Unidos. Japón y Brasil son los países muy poblados donde hay menos agresiones por causas religiosas. Corea del Norte, ante la imposibilidad de practicar un estudio entre la población, no ha podido incluirse en este aspecto.

GOBIERNOS RESTRICTIVOS

Hasta un 57% de la población mundial vive bajo gobiernos que restringen la libertad religiosa. Sólo son 2 países de cada 10, pero abarcan un margen de población grande. El informe no se queda sólo en las cifras, que a veces resultan engañosas, ya que hay países que proclaman la libertad religiosa, pero luego la coartan. Por ejemplo, la constitución de Afganistán permite la "libre elección religiosa" de sus ciudadanos. Pero la misma ley regula que "ninguna ley puede estar en contra de la sagrada religión del Islam", lo que llevó a que Abdul Rahman fuese sentenciado a muerte en 2006 ante un tribunal por convertirse del Islam a otra religión. Tuvo que abandonar el país, solicitando asilo en Italia.

Este tipo de "trampas legales" se pueden encontrar en las Constituciones de países en los que la ley islámica se aplica por encima de las leyes que pueda emitir el Gobierno. El informe agrega que en muchos países se exige el registro de la religión ante las autoridades: un registro que en 3 de cada 5 casos acaba provocando más problemas que beneficios para los practicantes. Sucedió, por ejemplo, en Singapur, donde la ley obliga a registrar todo grupo religioso. Los Testigos de Jehová fueron eliminados del registro en 1972, prohibiéndose desde entonces la práctica bajo penas de cárcel.

Casi el 41% de los países restringen las actividades de los misioneros extranjeros, y un 6 % prohíben totalmente su actividad. En cuanto a las prácticas religiosas, hasta 38 países prohíben las prácticas religiosas entre su población, con excepción de la religión oficial. Otro aspecto sobresaliente es que hasta 80 países, un 40 %, limitan la difusión de literatura religiosa.

El ránking de países con más restricciones a la libertad religiosa lo encabeza Arabia Saudí. También es el país más rico en petróleo, el máximo exportador mundial del llamado oro negro y aliado estratégico de los países occidentales en Oriente Medio. A continuación aparecen Irán, Uzbekistán, China y Egipto.

En el extremo contrario aparecen los países con menos restricciones. España se encuentra por encima de Italia, Francia o Gran Bretaña; aunque aún lejos de los países con mayor libertad, como Japón, Nueva Zelanda u Holanda.

- Global Restrictions on Religion / Download the full report PDF (72 pages, 8MB)


Fuente: ProtestanteDigital.com / Pew Forum / Reuter

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martes, 1 de septiembre de 2009

El 'burka' llega a nuestras puertas. Por Nicole Muchnik

El uso del velo integral -la ocultación, la no visibilidad de la persona- choca y perturba a los occidentales y plantea el dilema de la tolerancia frente a prácticas religiosas discutidas incluso por los musulmanes.

Para una mujer occidental es muy difícil hablar del burka con frialdad, con la cabeza y no los sentimientos, por lo mucho que nos afecta esa ostentación de sumisión, de servidumbre de la mujer, esa negación extrema de la igualdad entre los sexos. Sin embargo, el problema se encuentra a nuestras puertas. Ya no se trata sólo de simpatizar con nuestras hermanas iraníes, saudíes o yemeníes, que sufren latigazos y lapidaciones, sino de saber qué corresponde pensar y hacer cuando el burka está entre nosotros. Sabemos más o menos lo que ocurre en los países que aplican la sharía, aunque sea difícil hacerse una idea exacta, es decir, ponerse en el lugar de las mujeres sometidas a esos regímenes.

En Afganistán, país del burka por excelencia, la prenda fue introducida a principios del siglo XX por los pastunes. "Es talla única, te presiona terriblemente en la cabeza, no ves el suelo que pisas y pierdes el sentido de la orientación", dicen Anna Tortajada, Mónica Bernabé y Mercé Guilera, que lo han probado. Las secretarias, enfermeras, maestras, han abandonado su trabajo y viven condenadas a la miseria si no cuentan con el sostén de un hombre. Las viudas se dedican a la mendicidad callejera o a la prostitución. Ninguna mujer puede salir a la calle si no va acompañada de su padre, ni acudir a la consulta de un médico varón, ni aspirar a la educación. Las escuelas de niñas, más o menos clandestinas, son objeto de atentados con bombas.

Arabia Saudí, calificada como "la mayor cárcel de mujeres del mundo" por Wajeha Al Huweidar, periodista saudí y activista de los derechos humanos, es el país del niqab, una prenda de pesada tela negra que permite ver mediante una pequeña ventanita a la altura de los ojos. Las mujeres pasan toda su vida bajo la tutela de un hombre: marido, padre, abuelo, hermano o hijo. No tienen derecho a conducir, ni a solicitar un préstamo, ni a viajar sin la autorización del marido o de un hombre de su familia; ni siquiera a pasear solas, so pena de ser detenidas. Tampoco están autorizadas a acompañar a su marido a actos sociales. En los transportes públicos, no pueden entrar por el mismo acceso que los hombres. Una mujer de 70 años a la que la moutawa, la policía religiosa, sorprendió en su casa con dos jóvenes, de los que uno era su hijo de leche, de 24 años, y el otro un vecino que había ido a llevarle pan -un delito llamado khilva-, fue condenada por un tribunal a 90 latigazos.

Más que el burka afgano, es el niqab de obediencia salafista el que podemos ver hoy en las calles de Francia, Dinamarca, Alemania y otros países europeos.

En Francia, la rama de los Renseignements Généraux (RG) (los servicios de inteligencia) encargada de la vigilancia del islam radical tiene censadas a 367 mujeres que llevan el velo completo. Una estadística poco creíble si, por otro lado, se cree que hay entre 30.000 y 50.000 salafistas, entre ellos varios miles de mujeres que llevan velo, y a las que hay que añadir las del Tabligh, otro movimiento fundamentalista y pietista. La más joven de las que llevan el velo completo tiene cinco años. Sólo en Vénissieux, modesto barrio a las afueras de Lyon, circula un centenar de mujeres con velos negros. En Marsella, el 25 de junio, alrededor de unas 15 jóvenes se exhibieron en un centro comercial en un acto de militancia salafista cuyo propósito era "provocar a la sociedad y a su familia".

Estas mujeres plantean un problema en los hospitales, donde algunos médicos han recibido amenazas físicas de maridos que pretenden decidir si su mujer puede dar a luz mediante cesárea. Plantean un problema a la hora de emitir todos los documentos de identidad, en los matrimonios y otras formalidades necesarias para la obtención de los derechos sociales, en el uso de los bancos, los controles en los aviones, la escolarización de las niñas, dado que, en nombre de la laicidad de la escuela pública, "se prohíben las grandes cruces, las quipás, los pañuelos islámicos, sea cual sea el nombre que se les dé". Plantean un problema para los profesores, que no saben a quién devuelven a la niña que ha estado a su cargo. Plantean también un problema de seguridad, algo no despreciable en un país amenazado por los integristas argelinos. Y plantean un problema cuando, como en Italia, los salafistas exigen piscinas para mujeres y, como en Holanda, hospitales musulmanes. "El islam político trata de instaurar un apartheid de sexos en las sociedades libres europeas", dice la escritora turca Necla Kelek.

El movimiento salafista era completamente ajeno a los cinco o seis millones de musulmanes residentes en Francia, originarios del norte de África. Pero en cinco años, según los RG, el salafismo ha atraído tantas conversiones como el Tabligh, el otro movimiento integrista, en 25. Se ha desarrollado a partir de una idea de ruptura -política y religiosa- con Occidente y sus costumbres "corruptas". Para Dounia Bouzar, antropóloga e investigadora asociada al Observatorio del Hecho Religioso, "cuando está en tela de juicio la religión musulmana, todo el mundo deja de aplicar los criterios de razonamiento habituales. Esos grupúsculos que dicen ser salafistas no se inscriben en la historia musulmana, sino que son una derivación moderna, de este último siglo. Toda la estrategia de los salafistas consiste precisamente en hacer pasar sus discursos totalitarios por simples mandamientos religiosos".

Más allá incluso de la legítima consideración de los derechos de la mujer o de los derechos humanos, el velo integral, la ocultación, la no visibilidad de la persona con la que nos cruzamos y a la que hablamos es algo que choca y perturba al occidental, dicen los psicólogos. Sin ese mínimo vínculo corporal no hay relación social posible. "Lo que me inquieta del burka es que estoy siendo observada por una persona que me impide que la observe. Allí donde se encuentra, el burka constituye un atentado contra el buen equilibrio entre dos almas", escribe Agnès Gouinguenette en Golias, una revista de cristianos de izquierda. Occidente se ha esforzado y se sigue esforzando por integrar al otro, por hacer de él su igual en toda circunstancia. El velo nos remite a una alteridad total, a un rechazo absoluto.

"El burka no es bien recibido... No podemos aceptar en nuestro país a mujeres prisioneras detrás de una rejilla, aisladas de toda vida social, privadas de toda identidad. No es ésa la idea que tiene la República Francesa de la dignidad de la mujer", decía hace poco Nicolas Sarkozy en Versalles.

¿Pero dónde está la solución? ¿Acaso una ley contra el burka no supondría llevar a primer plano el temor a una muy hipotética invasión de Francia por los musulmanes integristas? Mientras la Asamblea Nacional crea una comisión informativa sobre el velo integral, Mohammed Moussaoui, presidente del Consejo francés del culto musulmán, recuerda "que ningún texto coránico ordena llevar el burka ni el niqab, que en Francia sigue siendo un fenómeno marginal". Partidario de "una labor pedagógica y de diálogo para convencer a las mujeres de que se incorporen a la práctica del islam moderado", Moussaoui considera, como muchos ciudadanos, que la prohibición sería contraproducente y difícil de aplicar. "¿Vamos a detener a las mujeres que lleven el burka por la calle y obligarlas a quitárselo? Eso hará que la mayor parte de ellas se queden en su casa". Además, si bien es fácil legislar cuando la integridad de la persona está en peligro, como en el caso de la ablación de las niñas, la poligamia y las transfusiones de sangre para salvar vidas de niños, es mucho más difícil cuando se trata de personas adultas convencidas de que se respetan a sí mismas al llevar el velo.

En Francia, como en Alemania, son a menudo francesas y alemanas de origen musulmán, o conversas recientes, las que escogen el burka o el niqab, y aseguran que lo hacen con toda libertad y hasta que se sienten más libres con esa "protección" frente a la mirada de los hombres. ¿Son todos presuntos violadores en potencia? Podemos preguntarnos cómo es posible que estas jóvenes sean capaces de adoptar una prenda que es una provocación pero que no tiene grandes consecuencias para ellas, sin pensar en sus hermanas de Oriente, para las que simboliza la peor de las opresiones. Para Elisabeth Badinter, "sea subversión, provocación o ignorancia, el escándalo es, más que la ofensa de vuestro rechazo, el bofetón que dais a todas vuestras hermanas oprimidas, que -ellas sí- corren peligro de muerte por disfrutar de unas libertades que vosotras despreciáis".


Fuente; ElPaís.com
Autor: Nicole Muchnik (Túnez) es periodista y pintora. Cursó estudios de Psicología y Etnología de l’Ecole Pratique des Hautes Etudes. París. Periodista (Nouvel Observateur 1967-1974). Periodista free lancer : Le Monde Diplomatique, Le Sauvage, El País, Letra Internacional, Letras Libres… Desde 1997, se dedica también a la pintura y Fotomontajes.
Traducción: María Luisa Rodríguez Tapia.

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