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viernes, 14 de octubre de 2011

La libertad religiosa en el mundo está peor. Por Sandro Magister

Una investigación mundial del Pew Forum registra un aumento de restricciones y violencias. La primacía en lo negativo es para Egipto, Pakistán e India. Entre los países musulmanes, el único en tendencia contraria es Turquía. Los más maltratados: los cristianos.
La investigación del Pew Forum es anterior a las revueltas que sacuden el norte de África y Medio Oriente. Pero no promete nada bueno sobre sus desarrollos futuros. De hecho, ya desde antes del desarrollo de las revueltas, los indicadores señalaban un empeoramiento en todas partes.

La investigación ha sido sobre las restricciones a la libertad religiosa en 198 países del mundo: tanto sobre las que imponen los gobiernos, como sobre las producidas por las violencias de personas y grupos.

Respecto a una investigación semejante del Pew Forum de tres años atrás, la actual marca un difundido aumento de dichas restricciones. Y el país que más ha cambiado para peor es precisamente uno de los de la llamada "primavera árabe": Egipto.

Limitando la mirada a los países con más de 50 millones de habitantes se puede notar, respecto a la anterior investigación, un claro empeoramiento de la situación también en Pakistán y en Nigeria.

Los dos colosos, India y China, cambian poco respecto a tres años atrás.

India sigue siendo el país con el récord de hostilidades entre grupos religiosos, que se suman a las ya pesadas restricciones de ley. Ello, a pesar de la fama pacifista que este país tiene.

China por su parte mantiene el récord -sólo con Irán y Egipto como competencia- de las restricciones de tipo estatal. Pero también con un aumento sensible de las hostilidades interreligiosas en la población, anteriormente más contenidas.

Se debe notar que entre los países con los peores indicadores están los que tienen la población musulmana más numerosa del globo: Indonesia, Pakistán, Egipto, Irán, Bangladesh...

Entre los grandes países musulmanes sólo Turquía ha disminuido su grado de restricción a la libertad religiosa, respecto a tres años antes. Precisamente en estos días el primer ministro turco Tayip Erdogan ha decidido restituir a las fundaciones religiosas no musulmanas miles de propiedades confiscadas por el régimen después de 1936.

Entre los países europeos el que tiene los peores indicadores tanto políticos como sociales es Rusia. Pero también el Reino Unido y Francia han endurecido las restricciones legales a la libertad religiosa.

Una curiosidad. Entre las cinco nuevas potencias emergentes, las dos mayores, China e India, tienen pésimos estándares en lo que se refiere a la libertad religiosa. Brasil y Sudáfrica, en cambio, están en el extremo opuesto, con amplios espacios de libertad.

Rusia, en cambio, estaba hace tres años en una posición intermedia, pero ha dado rápidos pasos de acercamiento a la zona crítica.

En síntesis, uno de cada cuatro países que ya en el 2006 registraban fuertes restricciones a la libertad religiosa, han empeorado ulteriormente sus estándares en los años siguientes.

Pero si se mira no a los Estados individualmente sino al número de habitantes, los resultados de la investigación son todavía más impresionantes: el 59% de la población mundial vive hoy con "altas" o "muy altas" restricciones a la libertad religiosa

La religión que más sufre tal situación es el cristianismo. Pero también los musulmanes son víctimas. En Nigeria el enfrentamiento social es con los cristianos, pero en otras partes los musulmanes son sujetos a restricciones legales y a violencias sobre todo por obra de sus correligionarios. En Irak, por ejemplo, son más numerosas las víctimas de atentados islamistas a las mezquitas que a las iglesias.

Muy rica de datos, la doble investigación del Pew Forum - el autorizado centro de investigación sobre la religión y la vida pública con sede en Washington - es para ser leída.




Fuente: www.chiesaespressonline.it / infobae.com
Autor: Sandro Magister es teólogo, vaticanista y editor de la sección Chiesa del semanario italiano L'Espresso
Traducción: Juan Diego Muro. Lima, Perú

Nota: acceda a el informe de la investigación mundial Pew Forum / "Rising Restrictions on Religion"


• Full Report: Read through the preface, executive summary, report chapters and methodology.

• Summary of Results: Read the questions and various possible answers used to code the 198 countries and territories in this report. See the number and percentage of countries that fell into each category for each question.

• Changes in Restrictions Among the 25 Most Populous Countries: Explore an interactive graphic that shows how government restrictions and social hostilities changed among the 25 most populous countries in the world from mid-2006 to mid-2009. Located in the Executive Summary.

• Table: Government Restrictions Index: See all 198 countries and territories in descending order of their scores on the Pew Forum’s index of government restrictions on religion as of mid-2009.

• Table: Social Hostilities Index: See all 198 countries and territories in descending order of their scores on the Pew Forum’s index of social hostilities involving religion as of mid-2009.

• Results by Country: See tables showing the results for each of the 198 countries and territories on the 20 questions that comprise the Pew Forum's Government Restrictions Index and the 13 questions that comprise the Social Hostilities Index. There also is a table showing the results for one additional government question that was only coded for the period ending in mid-2009 on whether any level of government penalizes blasphemy, apostasy or the defamation of religion.

• Press Release: Read the Aug. 9, 2011, press release.

• 2009 Report: A December 2009 report, Global Restrictions on Religion, established baseline levels of religious restrictions in 198 countries due both to government actions and to acts of violence and intimidation by private individuals, organizations and social groups.










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domingo, 15 de mayo de 2011

La yihad contra los cristianos

Blanco de la violencia de los radicales, las comunidades cristianas de Oriente Próximo se desangran entre ataques, discriminación económica y persecución judicial. A este ritmo, en una década ya no habrá cristianos en Irak, advierten los expertos.Meses antes de la matanza en una iglesia de Alejandría, el pasado 1 de enero; del asesinato del único cristiano del Gabinete pakistaní o del río de sangre que corrió el domingo en El Cairo, un grupo de trabajo del Vaticano formado por representantes de distintas religiones había advertido de la amenaza que se cierne sobre las minorías de Oriente Próximo y, especialmente, sobre la comunidad cristiana. La de Egipto, la mayor de la región (un 10% de la población, unos 8 millones de personas), es el blanco preferido de los radicales, aunque el optimismo que alentó la Revolución del 25 de Enero pareciese cerrar el abismo que separa la mayoría musulmana del resto de las confesiones: en la plaza de Tahrir se vieron un sinfín de pancartas en las que cruces y medias lunas coexistían. La transición posMubarak avanza hoy a buen paso, pero el acoso a los cristianos no da en absoluto señales de alivio.

En esa reunión ecuménica, celebrada en otoño pasado en Roma, el libanés Muhammad Sammak, consejero del exprimer ministro Saad Hariri, lanzó una advertencia: la desaparición de las minorías de Oriente Próximo, ya sea por aniquilación, por emigración o por asfixia económica, compromete gravemente la herencia cultural y menoscaba el tejido social del país. Porque los cristianos son solo una minoría en números (unos 12 millones de personas en total), no en significado: un copto de El Cairo es tan árabe y tan egipcio como un suní nacido en Alejandría o el valle del Nilo. Lo mismo puede decirse de un caldeo o un asirio iraquí, o de los cristianos sirios: la existencia de todos ellos atestigua siglos de presencia común y compartida. "Tenemos dos mil años de historia, somos los primeros cristianos de la zona. Hablar de minorías parece implicar un papel subordinado o trasplantado, ajeno a la mayoría, pero culturalmente hemos contribuido al desarrollo de Irak tanto como los musulmanes. Y desde luego nos sentimos tan árabes y tan iraquíes como ellos", señala Rad Salaam, cristiano caldeo exiliado en España tras la primera guerra del Golfo (1991).

La persecución de que son objeto está mermando numéricamente sus comunidades con proporciones de sangría. Según datos recopilados por el Barnabas Fund, una organización de apoyo a las minorías cristianas en el mundo con base en Inglaterra, de los 1,5 millones de cristianos que había en Irak en 1990, hoy solo quedan alrededor de 400.000, en una estimación optimista; Salam calcula que los que resisten no son más de 250.000, y casi todos en el norte, donde la violencia desatada entre suníes y chiíes llega con sordina. "Si el ritmo de desaparición se mantiene, dentro de una década no habrá cristianos en Irak", ha avisado Muhammad Sammak, presidente de la Comisión de Diálogo Cristiano-Musulmán. El recurso a la emigración ha colmado los campamentos de refugiados de Siria y Jordania, donde los cristianos son alrededor del 30% entre los desplazados iraquíes, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

Junto con el declive demográfico -son comunidades esencialmente endogámicas; los matrimonios mixtos con representantes de otras confesiones no son habituales, y si los hay son casus belli-, hay otro factor que opaca la cada vez más débil presencia pública de los cristianos en la región: la persecución judicial. La traslación al ordenamiento jurídico de pecados como la blasfemia constituye la mejor manera de yugular cualquier conato de crítica. Las leyes contra la blasfemia -al islam, se entiende- vigentes en numerosos países de la zona permiten encarcelar a alguien por una falta que, en otras latitudes, solo sería percibida como exabrupto. Aunque pecado no sea igual a delito, ni semántica ni jurídicamente hablando, la ley antiblasfemia es un brazo ejecutor muy eficaz para zanjar cualquier diferencia vecinal (como en el caso de Asia Bibi, la campesina condenada a muerte en Pakistán por ofender al profeta Mahoma cuando discutía con otras mujeres, musulmanas, sobre el agua de un pozo) o reprimir cualquier atisbo de disidencia, como los casos del bloguero egipcio que pasó varios meses en la cárcel por el mismo delito que aquella, una presunta blasfemia, o el periodista afgano encarcelado en 2008 y liberado un año después, tras purgar entre rejas una opinión desviada. En este sentido, tanto el Departamento de Estado norteamericano como la Unión Europea han manifestado su inquietud ante los reiterados intentos de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) de promover en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas una resolución contra la blasfemia. Año tras año, la OCI, por medio de alguno del medio centenar de sus miembros -el último que presentó la propuesta fue Marruecos-, maniobra para que la Asamblea adopte un texto "contra la difamación de las religiones", sea lo que fuere eso.

A diferencia de los cristianos libaneses, que durante décadas han gozado de preeminencia económica y política en el país -la presidencia de Líbano sigue estando reservada a un cristiano, según el tradicional reparto sectario de las principales instituciones-, los cristianos de Oriente Próximo y, por extensión, de otros países con mayorías musulmanas, no son grupos de poder o presión; al contrario, como ocurre en Egipto o en Pakistán (1% de la población), "la persecución supone en muchos casos el abandono de bienes y hacienda por parte de los cristianos, que se ven obligados a huir de sus lugares de residencia para salvar la vida. Los vecinos musulmanes son los que se quedan con todo", relata desde Karachi Jalid Gill, de la Asociación de Abogados Cristianos de Pakistán. "Así es más fácil: no se atreverían a meterse con un magistrado, o con un empresario, pero con unos pobres campesinos o un tendero la limpieza [religiosa] es total; y no estoy hablando de incidentes que salgan a la luz pública, sino de un acoso sistemático, diario, que pretende borrar a los cristianos del mapa". Pero la violencia no solo se ceba en las clases bajas: tanto el ministro para las Minorías como el gobernador del Punjab, asesinados recientemente, habían mostrado su oposición a las leyes contra la blasfemia.

En los campos de Pakistán, o en barrios como el de Mokkata, en El Cairo, un gueto cristiano donde sus habitantes viven de recoger y vender basura, los cristianos atraviesan momentos de pesadumbre y miedo. O en Mosul, en el Kurdistán iraquí, donde se refugian muchos de los últimos cristianos iraquíes. Contra ellos se abate la yihad, la guerra santa contra el infiel, aunque el infiel sea la mayor parte de las veces el vecino de al lado o el tendero de la esquina.



Fuente: ElPais.com
Autor: María Antonia Sánchez-Vallejo




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martes, 29 de marzo de 2011

Trece muertos en los enfrentamientos entre cristianos y musulmanes en El Cairo

La quema de una iglesia provoca un enfrentamiento entre ambas comunidadesLa violencia sectaria ha vuelto a las calles de Egipto. Trece personas fallecieron la madrugada del martes y más de 140 resultaron heridas durante un choque entre cristianos y musulmanes registrado en Moqqatam, un suburbio de El Cairo. El enfrentamiento, en el que participaron más de 1.300 personas, se originó cuando un grupo de cristianos coptos bloquearon una de las principales autopistas de la zona sur de la ciudad que transcurre junto al barrio en una sentada pacífica de protesta contra la quema de una iglesia días antes en otro barrio cairota. Un portavoz de la iglesia en la zona afirmó que un par de centenares de musulmanes al grito de ¡Alá es grande! vinieron de Sayeda Aisha y les atacaron con piedras. Horas después disparos al aire, cócteles molotov y un número creciente de individuos de ambas confesiones protagonizaron una batalla.

En la montaña del Moqqatam, uno de los barrios más deprimidos de la capital egipcia se hacinan miles de cristianos que viven de la recogida y reciclaje de las toneladas de basuras que los 20 millones de habitantes de El Cairo generan cada día. De una de las casas salen gritos y lamentos y al rato un féretro que es llevado en volandas, mientras las mujeres, de negro riguroso, se abrazan y sostienen unas a otras. Los vecinos acusan al Ejército de ser cómplice de las muertes. Un hombre afirma que los agresores se parapetaron en los tanques para atacarles. Otro muestra los bidones de gasolina de metal, similares a los que portan los tanques y que supuestamente habrían sido usados para incendiar cinco fábricas de reciclaje de cartón y plástico y otras tantas villas. "¿Quién de nosotros puede coger algo del Ejército sin su permiso?", añade el hombre insinuando la connivencia de los militares.

Entre los edificios quemados hay dos que han sobrevivido a las llamas. "Son de musulmanes", explica una mujer que tiene lo poco que ha podido salvar en el incendio metido en una camioneta. A su alrededor, media docena de chiquillos descalzos y comidos de moscas se sorbe los mocos. "¿Dónde vamos a ir ahora, a América? Lo hemos perdido todo. La ropa, el oro..."

"Una mezcla de matones con palos y machetes y algunos barbudos atacaron a los cristianos", explica Badri Makra que llamó personalmente a los militares que "se tomaron su tiempo para acudir a acabar con la protesta". "Vinieron cinco tanques que se supone que iban a separarles y no lo hicieron".

En un comunicado que los Hermanos Musulmanes hicieron ayer a través de su página web acusaban al depuesto Gobierno de instigar la tensión religiosa para provocar el caos. Los Hermanos instaron a los egipcios a no dejarse atrapar en la trampa de la sedición sectaria por el peligro que entrañaría la desestabilización del país para la joven revuelta iniciada el 25 de enero pasado. El comunicado apelaba al orgullo nacional sin diferencia de "religión, color o credo" y destacaba que no se gana nada sin renunciar a algo y que la fuerza de la nación y el triunfo de la revolución residían en el respeto mutuo.

Es el segundo día que la capital egipcia vive enfrentamientos entre ambas comunidades después de que el pasado domingo fuera quemada una iglesia en el barrio de Helwan, a las afueras de la ciudad. Un grupo de musulmanes habían prendido fuego al templo después de un enfrentamiento entre familias que había dejado dos muertos porque una musulmana tenía una relación amorosa con un cristiano.

Egipto es un país de mayoría musulmana suní donde los cristianos coptos suponen apenas el 10 por ciento de una población de 80 millones y periódicamente se producen enfrentamientos entre ambas comunidades. La pasada Navidad los ánimos volvieron a prender cuando un atentado contra una iglesia en Alejandría dejó 23 muertos y más de 90 heridos.

Un capitán que controla el acceso al suburbio asegura que "trataron de separarles pacíficamente y que los militares no efectuaron "ni un disparo". "Si lo hubiéramos hecho habría muchos más muertos", afirma. Sí reconoce, sin embargo que oyó tiros, aunque no sabe "de donde procedían". En su opinión lo que ocurrió ayer en Moqqatam fue "sólo un malentendido". Un error que ha dejado a 13 madres sin sus hijos.

Mientras los diarios egipcios se hacían eco de la existencia de una "contrarrevolución en las calles". Matones con machetes se mueven por distintos lugares de la ciudad y estarían intentando sembrar el caos entre los ciudadanos. La plaza Tahrir fue ayer escenario de enfrentamientos, pero entre estos baltaguía, matones y los restos de manifestantes prodemócratas que seguían en la plaza. Varias personas resultaron heridas en la batalla a pedradas. El Ejército desmanteló después "con violencia" el campamento que aún quedaba en la glorieta del centro de la plaza, según ha denunciado Amnistía Internacional. Esta organización denunció de madrugada que algunos testigos afirmaban que el Ejército había permitido a los matones atacarles y que posteriormente más de 100 personas fueron detenidas. A los periodistas que lo presenciaron se les quitaron sus tarjetas de memoria de las cámaras.




Fuente: ElPais.com
Autor: Nuria Tesón / El Cairo
Fotografía: Uno de los fuegos que provocaron los enfrentamientos entre Coptos y musulmanes en la ciudad de El Cairo la noche de ayer / KHALED ALI - AFP



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