miércoles, 15 de junio de 2011

¿Va Francia demasiado lejos con la prohibición del burka? Por John Graz

Por qué prohibir lo que es culturalmente diferente amenaza la libertad religiosaAl informar de una nueva ley en Francia que prohíbe a las mujeres llevar un velo que cubra todo el rostro en público, los medios de comunicación se han centrado en las voces de protesta de los líderes religiosos y defensores de los derechos humanos. Y aún así, es importante notar que esta ley disfruta de un amplio apoyo popular, no sólo en Francia, sino a lo largo y ancho de Europa.

Las encuestas muestran que en muchos países europeos, la aprobación de leyes similares tendrían un importante apoyo popular. Algunos países, incluyendo Holanda, Italia, Bélgica, Alemania y Austria, ya están mostrando señales de seguir el ejemplo de Francia.

¿Qué está marcando la tendencia?

Según el presidente francés, Nicolás Sarkozy, la prohibición del burka representa un intento de proteger la dignidad e igualdad entre las mujeres francesas. Aunque queda claro que el movimiento hacia la prohibición del uso del velo en público en Francia contiene un fuerte componente político calculado.

No obstante, hay algo más que una estrategia política detrás de esto. Francia, y de hecho gran parte de Europa, tiene una historia accidentada cuando se trata de relacionarse con las minorías religiosas.

Recuerdo las notables "listas de sectas" desarrolladas durante las leyes anti-culto en la Francia de principios de la década de 2000, una lista que en una ocasión fue usada por las agencias gubernamentales para denegar derechos a incluso religiones reconocidas y establecidas durante mucho tiempo.

Y entonces llegó la enmienda de 2004 al Código de Educación Francés que prohibió de forma efectiva los pañuelos en la cabeza en las escuelas públicas.

¿Es diferente con el burka?

En noviembre de 2009, cuando los suizos votaron en referéndum prohibir la construcción de minaretes, el ministro de asuntos exteriores francés Bernard Koucher calificó la prohibición como "intolerante", "prejuiciada", y afirmó que ascendía al grado de "opresión religiosa".

Aún así, ahora el gobierno del Sr. Sarkozy dice que prohibir el burka no tiene nada que ver con la religión.

¿Es diferente el caso del burka? ¿Es un símbolo religioso o un símbolo de represión femenina? ¿Pueden elegir las mujeres llevarlo, o se les obliga? ¿La "ley del burka" libera a las mujeres de una "práctica medieval y opresiva"? ¿Ayuda a crear una sociedad más libre y equilibrada? ¿Defiende los derechos y la dignidad de las mujeres?

Algunos argumentarán que un Estado democrático no sólo tiene el derecho, sino la responsabilidad de limitar la expresión religiosa cuando viole el núcleo de los valores sociales o culturales. Razonan: Si la prohibición del burka puede ser cuestionada con base en la libertad religiosa, entonces, ¿qué será lo próximo? ¿Se podría proteger la poligamia? ¿O apedrear a aquellos que decidan cambiar de religión? Seguramente en algún punto el Estado puede señalar el límite.

Otros argumentan que la nueva ley francesa protege a las mujeres de aquellos que las obligan a llevar el burka en contra de su voluntad. Pocas personas podrán cuestionar la necesidad de una ley que defienda la libre elección de las mujeres en este sentido. Pero ¿qué sucede con aquellas mujeres que claramente aseveran que llevar el velo es una parte esencial de su expresión religiosa, y eligen libremente llevarlo puesto? Al forzar a las mujeres a no llevar el burka, el gobierno francés ¿también se ve involucrado al coercer a las mujeres a actuar en contra de su libertad de elección individual?

Y entonces están las preguntas perennes sobre "cultura" e "integración". Cuando voy a Oriente Medio, o a Asia, o África, intento cumplir con algunas normas básicas culturales. ¿Podrían los franceses estar en lo correcto al decir: "Nadie te ha obligado a venir a nuestro país, así que si vienes, no nos impongas tu cultura". O como dijo Damien Green, ministro de inmigración de Reino Unido: "Si usted viene a Gran Bretaña, debe aceptar los valores británicos."

Entiendo la preocupación de los franceses, pero creo que el intento de legislar los cambios culturales es una empresa peligrosa que muy a menudo compromete los derechos humanos fundamentales. Surge la cuestión: ¿Quién debería arbitrar en la sociedad entre las competencias de valores sociales o culturales? ¿Quién decide qué valores deberían ser promovidos y protegidos, o cuáles deberían ser anulados? Y si en una práctica religiosa, sucede que surge un conflicto con otro valor cultural, ¿debería decidirse el "ganador" por la opinión de la mayoría? ¿O hay consideraciones más profundas a tener en cuenta?

La ley del burka se dirige a una población específica: los seis millones de musulmanes en Francia y, de forma más específica, la muy pequeña minoría de mujeres que llevan el burka. Pero los intentos de integrar este grupo a través de la legislación no tendrán los efectos deseados. Esta minoría simplemente aumentará en número y frustración. La verdadera integración cultural no puede ser implementada por la fuerza; solamente la educación, el estímulo, y el paso del tiempo probarán su efectividad en última instancia.

Y entonces, surgen problemas puramente prácticos asociados con la aplicación de esta nueva ley. ¿Cómo debe actuar la policía para asegurarse de que se respeta la ley? ¿Tendrá que arrestar a cada mujer que lleve un burka? ¿Eligirá el gobierno perseguir estos casos, incluso si las mujeres insisten que llevar el burka es una elección personal y una expresión integral de su fe religiosa?

¿Demasiado lejos?

El francés cree en la integración: "Si usted quiere vivir con nosotros, entonces siga nuestras costumbres." La sociedad americana cree en la integración también, pero no es menos exigente la fórmula: "¿Quiere unirse a nosotros? Puede conservar sus tradiciones y religión, pero obedezca nuestras leyes".

La libertad religiosa tiene un precio y conlleva ciertos riesgos. Pero en último caso, una nación que intenta proteger sus minorías produce una sociedad que está menos polarizada y, en última instancia, más libre. ¿Está yendo Francia demasiado lejos? ¿Está yendo Europa demasiado lejos? Mi respuesta es "Sí."

La inclinación a temer o desagradar aquello que es diferente no es sólo un defecto francés, es una tendencia humana muy común. Antes de arrojar la primera piedra, cada país debería revisar la forma en que trata a sus minorías religiosas.



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Fuente: ANN / Adventist News Nerwork
Autor: John Graz, (Doctor en Filosofía, Universidad de la Sorbona) es secretario-general de la Asociación Internacional de Libertad Religiosa / IRLA y director del Departamento de Relaciones Públicas y Libertad Religiosa de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Reconocido con la distinción First Freedom Award.




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domingo, 15 de mayo de 2011

La yihad contra los cristianos

Blanco de la violencia de los radicales, las comunidades cristianas de Oriente Próximo se desangran entre ataques, discriminación económica y persecución judicial. A este ritmo, en una década ya no habrá cristianos en Irak, advierten los expertos.Meses antes de la matanza en una iglesia de Alejandría, el pasado 1 de enero; del asesinato del único cristiano del Gabinete pakistaní o del río de sangre que corrió el domingo en El Cairo, un grupo de trabajo del Vaticano formado por representantes de distintas religiones había advertido de la amenaza que se cierne sobre las minorías de Oriente Próximo y, especialmente, sobre la comunidad cristiana. La de Egipto, la mayor de la región (un 10% de la población, unos 8 millones de personas), es el blanco preferido de los radicales, aunque el optimismo que alentó la Revolución del 25 de Enero pareciese cerrar el abismo que separa la mayoría musulmana del resto de las confesiones: en la plaza de Tahrir se vieron un sinfín de pancartas en las que cruces y medias lunas coexistían. La transición posMubarak avanza hoy a buen paso, pero el acoso a los cristianos no da en absoluto señales de alivio.

En esa reunión ecuménica, celebrada en otoño pasado en Roma, el libanés Muhammad Sammak, consejero del exprimer ministro Saad Hariri, lanzó una advertencia: la desaparición de las minorías de Oriente Próximo, ya sea por aniquilación, por emigración o por asfixia económica, compromete gravemente la herencia cultural y menoscaba el tejido social del país. Porque los cristianos son solo una minoría en números (unos 12 millones de personas en total), no en significado: un copto de El Cairo es tan árabe y tan egipcio como un suní nacido en Alejandría o el valle del Nilo. Lo mismo puede decirse de un caldeo o un asirio iraquí, o de los cristianos sirios: la existencia de todos ellos atestigua siglos de presencia común y compartida. "Tenemos dos mil años de historia, somos los primeros cristianos de la zona. Hablar de minorías parece implicar un papel subordinado o trasplantado, ajeno a la mayoría, pero culturalmente hemos contribuido al desarrollo de Irak tanto como los musulmanes. Y desde luego nos sentimos tan árabes y tan iraquíes como ellos", señala Rad Salaam, cristiano caldeo exiliado en España tras la primera guerra del Golfo (1991).

La persecución de que son objeto está mermando numéricamente sus comunidades con proporciones de sangría. Según datos recopilados por el Barnabas Fund, una organización de apoyo a las minorías cristianas en el mundo con base en Inglaterra, de los 1,5 millones de cristianos que había en Irak en 1990, hoy solo quedan alrededor de 400.000, en una estimación optimista; Salam calcula que los que resisten no son más de 250.000, y casi todos en el norte, donde la violencia desatada entre suníes y chiíes llega con sordina. "Si el ritmo de desaparición se mantiene, dentro de una década no habrá cristianos en Irak", ha avisado Muhammad Sammak, presidente de la Comisión de Diálogo Cristiano-Musulmán. El recurso a la emigración ha colmado los campamentos de refugiados de Siria y Jordania, donde los cristianos son alrededor del 30% entre los desplazados iraquíes, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

Junto con el declive demográfico -son comunidades esencialmente endogámicas; los matrimonios mixtos con representantes de otras confesiones no son habituales, y si los hay son casus belli-, hay otro factor que opaca la cada vez más débil presencia pública de los cristianos en la región: la persecución judicial. La traslación al ordenamiento jurídico de pecados como la blasfemia constituye la mejor manera de yugular cualquier conato de crítica. Las leyes contra la blasfemia -al islam, se entiende- vigentes en numerosos países de la zona permiten encarcelar a alguien por una falta que, en otras latitudes, solo sería percibida como exabrupto. Aunque pecado no sea igual a delito, ni semántica ni jurídicamente hablando, la ley antiblasfemia es un brazo ejecutor muy eficaz para zanjar cualquier diferencia vecinal (como en el caso de Asia Bibi, la campesina condenada a muerte en Pakistán por ofender al profeta Mahoma cuando discutía con otras mujeres, musulmanas, sobre el agua de un pozo) o reprimir cualquier atisbo de disidencia, como los casos del bloguero egipcio que pasó varios meses en la cárcel por el mismo delito que aquella, una presunta blasfemia, o el periodista afgano encarcelado en 2008 y liberado un año después, tras purgar entre rejas una opinión desviada. En este sentido, tanto el Departamento de Estado norteamericano como la Unión Europea han manifestado su inquietud ante los reiterados intentos de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) de promover en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas una resolución contra la blasfemia. Año tras año, la OCI, por medio de alguno del medio centenar de sus miembros -el último que presentó la propuesta fue Marruecos-, maniobra para que la Asamblea adopte un texto "contra la difamación de las religiones", sea lo que fuere eso.

A diferencia de los cristianos libaneses, que durante décadas han gozado de preeminencia económica y política en el país -la presidencia de Líbano sigue estando reservada a un cristiano, según el tradicional reparto sectario de las principales instituciones-, los cristianos de Oriente Próximo y, por extensión, de otros países con mayorías musulmanas, no son grupos de poder o presión; al contrario, como ocurre en Egipto o en Pakistán (1% de la población), "la persecución supone en muchos casos el abandono de bienes y hacienda por parte de los cristianos, que se ven obligados a huir de sus lugares de residencia para salvar la vida. Los vecinos musulmanes son los que se quedan con todo", relata desde Karachi Jalid Gill, de la Asociación de Abogados Cristianos de Pakistán. "Así es más fácil: no se atreverían a meterse con un magistrado, o con un empresario, pero con unos pobres campesinos o un tendero la limpieza [religiosa] es total; y no estoy hablando de incidentes que salgan a la luz pública, sino de un acoso sistemático, diario, que pretende borrar a los cristianos del mapa". Pero la violencia no solo se ceba en las clases bajas: tanto el ministro para las Minorías como el gobernador del Punjab, asesinados recientemente, habían mostrado su oposición a las leyes contra la blasfemia.

En los campos de Pakistán, o en barrios como el de Mokkata, en El Cairo, un gueto cristiano donde sus habitantes viven de recoger y vender basura, los cristianos atraviesan momentos de pesadumbre y miedo. O en Mosul, en el Kurdistán iraquí, donde se refugian muchos de los últimos cristianos iraquíes. Contra ellos se abate la yihad, la guerra santa contra el infiel, aunque el infiel sea la mayor parte de las veces el vecino de al lado o el tendero de la esquina.



Fuente: ElPais.com
Autor: María Antonia Sánchez-Vallejo




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martes, 10 de mayo de 2011

Ataque mortal de musulmanes a cristianos en Egipto

Al menos 12 muertos y 186 heridos en enfrentamientos sectarios en El Cairo. Un grupo de salafistas asalta una Iglesia en la que creían que se encontraba retenida una copta convertida al Islam
Al menos 12 personas han muerto y más de 180 han resultado heridas, 11 de ellas muy graves, en un nuevo enfrentamiento armado registrado anoche entre cristianos y musulmanes en Egipto. En el barrio de Imbaba, en El Cairo, la calma iba regresando despacio mientras los rescoldos del incendio de la Iglesia de Mar Mina aún humeaba después de que durante la pasada noche un grupo de musulmanes salafíes la atacaran al creer que los cristianos mantenían encerrada allí a una copta convertida al islam. También los ánimos seguían encendidos entre los vecinos que seguían acudiendo al lugar. Se ha producido igual número de víctimas de cada confesión, según Ali Abdel Rahman, gobernador de la provincia de Giza.

El primer ministro Essam Sharaf, se ha apresurado a convocar la reunión del Consejo de Ministros y ha aplazado un viaje al Golfo Pérsico que debía llevarle en su primera parada a Bahréin. En declaraciones a la televisión, el gobernador de Giza, que incluye amplios sectores del Gran Cairo y donde se encuentra Imbaba, dijo que el Ejército y la Policía habían logrado devolver la calma a ese barrio, sin embargo algunos vecinos protestaban esta mañana ante la indefensión que sienten y acusaban al Ejército de "dejar hacer" a los exaltados. No ha sido posible establecer quién empezó el enfrentamiento y de dónde procedían los disparos. También fueron lanzados cócteles molotov.

En un comunicado emitido a través de su página de Facebook, el Consejo Superior de las fuerzas Armadas que gobierna de facto del país afirmó que había 190 detenidos y que iban a ser trasladados a un tribunal militar superior y que se iba a "condenar y castigar de forma ejemplar a quién se le ocurra jugar con los valores de este país". La Junta militar piensa también crear un comité que evalúe los daños y que establezca compensaciones económicas para los afectados. El Consejo resalta en su comunicado "los peligros graves que rodean a Egipto en este periodo (...) y exige a todas las ramas del pueblo y a los jóvenes de la revolución y las fuerzas nacionales, así como a los líderes religiosos, tanto musulmanes como cristianos, que hagan un frente común contra el intento de romper el tejido de la nación".

El Consejo Superior de Las Fuerzas Armadas considera que "no se puede volver al pasado y que no hay otra meta que alcanzar que la estabilidad y la seguridad y la consecución de los objetivos de la revolución sin importar lo que haya que sacrificar".


Violencia en aumento

Los actos violentos entre miembros de ambas comunidades son habituales en los últimos meses. La pasada navidad, un atentado en la iglesia de los Dos Santos en Alejandría que dejó 24 muertos, encendió los ánimos entre los fieles y durante semanas se produjeron enfrentamientos que se localizaron principalmente en el sur del país, una de las más conservadoras y donde la comunidad cristiana tiene importantes raíces históricas. Sin embargo, la Fiscalía general ha abierto una investigación para determinar la implicación del ex ministro de Interior Habib El Adly en dicho atentado. Al parecer el objetivo del ataque habría sido culpar a los islamistas y encender los ánimos entre cristianos y musulmanes.

Poco después de la caída del presidente Hosni Mubarak, tras 18 días de protestas, se produjo otro grave enfrentamiento entre miembros de ambas confesiones que se saldó con nueve muertos. Durante una manifestación para protestar por la quema de una iglesia, un grupo de musulmanes irrumpieron en el barrio de Moqqatam, un suburbio de El Cairo de mayoría cristiana. Sin embargo con el paso de los días se asentó la idea de que la batalla fue provocada por matones del depuesto régimen que intentaban sembrar el desconcierto y el odio para demostrar que sin Mubarak Egipto se sumiría en el caos.

"Debemos acabar con la violencia, no debemos permitir que esas personas arruinen lo que hemos logrado en la revolución de enero", ha señalado Essam El Erian, portavoz de los Hermanos Musulmanes, en una entrevista televisiva. "El incidente de Imbaba muestra claramente que hay algunas personas que todavía están trabajando entre bastidores para inflamar la lucha sectaria en Egipto", explicó. "Yo creo que esas personas pertenecen al Partido Nacional Democrático [de Hosni Mubarak] y todavía están decididos a desintegrar cualquier cosa adquirida en la revolución", concluyó.

Los musulmanes que han protagonizado el ataque de esta noche pertenecen a la corriente de los salafíes, una de las más rigurosas del islam y que cada día está ganando más terreno en Egipto. Después de mantener un perfil bajo durante el régimen de Mubarak, desde el 11 de febrero, los salafistas están ganando presencia en las calles egipcias. Esta semana protagonizaron una protesta en el centro de la capital por el asesinato del líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, a manos estadounidenses, e intentaron llegar a la embajada del país norteamericano.

Los cristianos egipcios, mayoritariamente coptos, representan el 10 por ciento de la población del país, calculada en unos 75 millones de habitantes. Al Qaeda ha lanzado en varias ocasiones amenazas contra las poblaciones cristianas en Oriente Próximo.

La violencia sectaria amenaza con hacer descarrilar el proceso que se inició el 25 de enero y que durante 18 días tuvo al mundo pendiente del pulso que el pueblo egipcio mantenía en la plaza de Tahrir. Finalmente el régimen de Hosni Mubarak cayó y este, al igual que muchos de sus hombres fuertes, se encuentran detenidos y acusados de diversos delitos que van desde el blanqueo y la malversación hasta el asesinato deliberado de 846 manifestantes desarmados. El propio Mubarak podría enfrentarse a la pena capital por esta acusación.





Fuente: ElPais.com / Al menos 12 muertos y 186 heridos en enfrentamientos sectarios en El Cairo
Autor: Nuria Tesón / El Cairo
Fotografía: Funeral por las víctimas de los choques entres coptos y musulmanes en Egipto / AFP


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lunes, 4 de abril de 2011

La fanática hoguera de una diminuta iglesia prende la mecha del odio global

La quema de un ejemplar del Corán hace dos semanas en una pequeña ciudad de Estados Unidos -ignorada a propósito- desata una matanza en Afganistán. La amenaza de una gran falla alimentada de Coranes con motivo del noveno aniversario del 11-S no se concretó pero fue noticia mundial. El pastor Terry Jones, al frente de la diminuta iglesia de Gainesville (Florida), fanático e iluminado, solo dio marcha atrás después de recibir una llamada del secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, en la que le conminaba a no hacerlo ya que estaba poniendo en peligro la vida de personas inocentes y soldados norteamericanos. Las cadenas de televisión apagaron las cámaras y cientos de periodistas volvieron a sus casas. No pasó nada.

Pero ese mismo odio irracional finalmente se escenificó el pasado 20 de marzo en esa misma Iglesia -conocida por el rebuscado nombre de Dove World Outreach Center y con menos de medio centenar de fieles-, durante el sermón dominical, y nadie tuvo noticia. Pasó totalmente desapercibido. Ninguno de los dos periódicos locales, ni el Gainesville Sun ni The Florida Alligator, recogieron el hecho de que Jones supervisó la quema de un Corán durante un simulacro de juicio en el que fue encontrado "culpable" y sometido a la hoguera como en los tiempos de la Inquisición. El diario USA Today logró, a través de su servicio de noticias religiosas, entrevistar brevemente por teléfono al pastor, quien relató lo ocurrido. La agencia de noticias France Presse lo contaba en un cable datado el 21 de marzo en Florida. No hubo ruido mundial. Eso fue todo. Excepto que como consecuencia de ese Corán abrasado ayer morían asesinados siete trabajadores de Naciones Unidas en la remota Mazar i Sharif, en el lejano Afganistán.

Jones insiste en que no rompió su palabra de que no volvería a sus ideas incendiarias. "No hemos roto ningún compromiso, aquella promesa tenía que ver con el Día Internacional de la Quema del Corán". Esto es otra cosa. Lo cuenta el pastor en la entrevista que concedió al diario USA Today, porque ni él ni ningún miembro de su raquítica organización pudo ser contactado ayer por este periódico. Los teléfonos de Dove World comunicaron durante todo el día. Los correos electrónicos se quedaron sin respuesta. Solo pasado el mediodía, la página web del Gainesville Sun publicaba un comunicado del religioso que se citaba a sí mismo a través de su plataforma Stand Up America.

"Nosotros, Stand Up America, encontramos que lo sucedido es una acción criminal y trágica", se lee en el comunicado. "Los disturbios de Afganistán son inaceptables para el Gobierno de Estados Unidos", prosigue el texto, para llegar a la cuestión de fondo defendida por el pastor Jones: "El islam no es una religión de paz. Ha llegado la hora de que hagamos responsables de sus actos a esa gente. Reclamamos que nuestro Gobierno tome medidas y se manifieste contra estos actos. Esta gente debe ser llevada ante la justicia".

Jones vive bajo la teoría de que el islam, de que "esa gente", está esperando la oportunidad de poder tomar el control de la sociedad estadounidense para imponer sus leyes. Autor de un libro titulado El islam es el diablo, Jones considera que "ha llegado el momento de que deje de tolerarse a los países dominados por los musulmanes que extiendan su odio contra el cristianismo". Esta era la única disculpa que ayer llegó del fanatismo que predica Jones, si es que alguien esperaba alguna.

El Corán que se quemó el 20 de marzo ardió durante 10 minutos (video). El hombre que expulsó el mal con fuego fue el pastor Wayne Sapp, bajo la atenta mirada de Jones y poco más de 30 seguidores, aunque el acto de redención era abierto al público. La hoguera fue el final del juicio a la que la Iglesia de Gainesville condenó al Corán. Tras ser encontrado "culpable" de todos sus "crímenes", el acusado fue "ejecutado", en palabras del propio Jones. El jurado había deliberado durante ocho minutos. No le hizo falta más tiempo para considerar que el libro sagrado de los musulmanes promueve "el mal y la violencia". El Corán había sido regado anteriormente durante una hora con queroseno. Cuando llegó el veredicto solo hizo falta aplicarle fuego -con un mechero de barbacoas- para que ardiera, sobre una bandeja de metal, en el centro de la Iglesia. Jones consideró el evento un éxito. "Esta es una de esas experiencias que solo se tienen una vez en la vida", declaró el pastor.

Una cadena de provocaciones

• Julio de 2010. Terry Jones, pastor de una pequeña parroquia pentecostal de Florida, convoca a través de Internet el Día Internacional de la Quema del Corán para el 11 de septiembre. Jones considera el libro sagrado islámico un texto que incita a comportamientos violentos y radicales.

• Agosto de 2010. La convocatoria de Jones atrae paulatinamente la atención de usuarios de Internet y, sucesivamente, la de medios informativos. La polémica sobre la iniciativa del pastor viaja en paralelo con el gran debate nacional que se desarrolla en Estados Unidos sobre el proyecto de construcción de un centro islámico -dotado de instalaciones culturales, deportivas y de una zona de rezo- a dos manzanas de la zona cero de Manhattan. La iniciativa de Jones produce un rechazo prácticamente unánime. Amplios sectores de la derecha estadounidense, encabezados por Sarah Palin, consideran inaceptable el proyecto islámico en Nueva York.

• Septiembre de 2010. Manifestaciones de protesta contra la convocatoria de Jones son celebradas en varios países. Entre ellos figuran Afganistán, Pakistán, India e Indonesia. En algunos casos las concentraciones son violentas. La tensión crece, y la cúpula política estadounidense ejerce una gran presión sobre el pastor para que renuncie al acto. El día 9 de septiembre, Jones anuncia su marcha atrás.

• Marzo de 2011. El día 10, el Congreso estadounidense abre una comisión de investigación sobre la radicalización de los musulmanes en EE UU, lo que genera temores de una vuelta a la caza de brujas de McCarthy. El día 20, los pastores Terry Jones y Wayne Sapp celebran un "juicio al Corán" organizado en la parroquia de Jones. A finales de marzo, dos cristianos son asesinados y una iglesia resulta quemada en ataques justificados como respuestas al acto de Sapp y Jones.*



Una multitud tomó por asalto la sede de la ONU en una ciudad del norte afgano. Mataron a 8 empleados y guardias. Dos fueron decapitados. Fue en represalia al acto de un pastor estadounidense que hace unos días incendió el libro sagrado.

En un día de furia religiosa, motivada por la quema de un ejemplar del Corán en Estados Unidos hace unos días, una multitud tomó por asalto la sede de las Naciones Unidas (ONU) en la ciudad de Mazar e Sharif, al norte de Afganistán, y asesinó a ocho empleados de ese organismo internacional. También murieron cuatro manifestantes a manos de los guardias.

Las víctimas del ataque son cinco hombres de seguridad del organismo, de nacionalidad nepalí, y tres funcionarios de origan rumano, noruego y sueco. Entre ellos hay una mujer, aunque no se la identificó. El jefe de la misión internacional resultó herido durante el ataque, pero logró sobrevivir.

El origen de esta manifestación de cólera musulmana hay que buscarlo en la polémica práctica que llevó adelante una iglesia evangélica de Gainesville, en Florida. El pastor Terry Jones, que lidera la comunidad, había anunciado en septiembre del año pasado que iba a quemar un Corán para conmemorar el aniversario del ataque a las Torres Gemelas. Finalmente no lo hizo porque le llovieron críticas de todo el mundo e, inclusive, del propio presidente Barack Obama. Pero hace sólo 10 días, Wayne Sapp, otro pastor de la misma iglesia, terminó llevando a cabo la promesa de Jones.

El ultraje al sagrado libro islámico generó una ola de indignación en el mundo musulmán y derivó en las protestas de ayer en Afganistán, un país en guerra y con una sociedad muy conservadora en lo religioso. Hubo masivas marchas en varias ciudades, como en Nimroz, Bamiyán y Herat. En todas ellas los manifestantes se dispersaron pacíficamente. No fue así en Mazar e Sharif.

En esa tranquila ciudad del norte afgano, de una gran riqueza en sitios arqueológicos musulmanes y helenísticos, la manifestación comenzó a las 13.30, después de la tradicional oración del viernes. La multitud se dirigió a la sede de la UNAMA, denominación que se le da a la misión de la ONU en Afganistán, y comenzó a arrojarle piedras. En un momento la protesta se radicalizó porque, según la versión de la policía local, entre los manifestantes había “talibanes infiltrados”. Lo cierto es que la turba terminó atacando a los guardias, los mató y les quitó las armas. Luego asaltaron el edificio, asesinaron a otros tres empleados en el interior y finalmente lo incendiaron.

El jefe de de la policía local, Sher Mohammad Durani, confirmó que “ocho extranjeros fueron asesinados y uno quedó herido”. Y agregó que por lo menos dos de ellos fueron decapitados. “Sabemos que, en al menos dos casos, los manifestantes golpearon con martillos los cuellos de los trabajadores para decapitarlos”, contó a los periodistas.

El secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, condenó el ataque y lo calificó de “cobarde”. “Este fue un ataque atroz contra personal de la ONU, que no puede justificarse bajo ninguna circunstancia y que condeno en los términos más contundentes”, sostuvo.

En el mismo sentido se pronunció el presidente de Estados Unidos, Barack Obama: “Destacamos la necesidad de calma e instamos a todas las partes a rechazar la violencia y resolver las diferencias a través del diálogo”. “Los valientes hombres y mujeres de Naciones Unidas realizan su trabajo en apoyo del pueblo afgano. Su trabajo es esencial para construir un Afganistán más fuerte para el beneficio de todos sus ciudadanos”, agregó.

Palabras duras se lanzaron también desde la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico del Norte. Catherine Ashton, jefa de la diplomacia de la UE, afirmó que “este es otro ejemplo desafortunado de cómo la ignorancia, la intolerancia y una agresión sin sentido pueden convertir en víctimas a personas completamente inocentes”. Anders Fogh Rasmussen, secretario general de la alianza militar occidental, en tanto, señaló que “las víctimas de estos ataques se dedicaban a ayudar al pueblo afgano a vivir mejor. Al atacarlos han demostrado que no les importa lo que la ONU y toda la comunidad internacional intentan hacer en beneficio de todos los afganos”.

El incidente es visto como un desastre para las Naciones Unidas y las fuerzas internacionales en el país, donde hay 132.000 soldados extranjeros –dos terceras partes son estadounidenses– que apoyan al gobierno afgano en su lucha para frenar a los talibanes. Mazar e Sharif es una de las siete zonas escogidas para inaugurar el proceso llamado de “transición”, por el cual las fuerzas extranjeras cederán la responsabilidad de la seguridad a las fuerzas afganas a partir del 1 de julio.

Si el personal de la ONU no se puede establecer con cierta paz en el país, es muy probable que la organización se vea obligada a considerar el cierre o reducir drásticamente sus operaciones en Afganistán. Por el momento, las autoridades emitieron la orden de aplicar el protocolo “ciudad blanca”, lo que obliga a todo el personal a encerrarse en sus casas y evitar salir a la calle .


“No nos sentimos responsables”

El pastor Terry Jones, que dirige la iglesia de Gainesville donde se quemó el ejemplar del Corán, dijo que estaban “consternados” por lo sucedido, pero que no eran culpables de haber desencadenado la matanza. “No nos sentimos responsables por lo que ocurrió. Los elementos radicales del Islam toman esto como una excusa para promover sus actividades violentas”, sostuvo.


Es más, lanzó nuevas frases en contra del islam. “Lo que nos gustaría es ver a EE.UU. poniéndose de pie, a las Naciones Unidas poniéndose de pie. Es hora de dejar de ignorar la violencia que existe en países musulmanes como Pakistán y Afganistán”, afirmó.**




* Fuente: ElPais.com
Autor: Yolanda Monge / Washington
**Fuente: Clarin.com



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martes, 29 de marzo de 2011

Trece muertos en los enfrentamientos entre cristianos y musulmanes en El Cairo

La quema de una iglesia provoca un enfrentamiento entre ambas comunidadesLa violencia sectaria ha vuelto a las calles de Egipto. Trece personas fallecieron la madrugada del martes y más de 140 resultaron heridas durante un choque entre cristianos y musulmanes registrado en Moqqatam, un suburbio de El Cairo. El enfrentamiento, en el que participaron más de 1.300 personas, se originó cuando un grupo de cristianos coptos bloquearon una de las principales autopistas de la zona sur de la ciudad que transcurre junto al barrio en una sentada pacífica de protesta contra la quema de una iglesia días antes en otro barrio cairota. Un portavoz de la iglesia en la zona afirmó que un par de centenares de musulmanes al grito de ¡Alá es grande! vinieron de Sayeda Aisha y les atacaron con piedras. Horas después disparos al aire, cócteles molotov y un número creciente de individuos de ambas confesiones protagonizaron una batalla.

En la montaña del Moqqatam, uno de los barrios más deprimidos de la capital egipcia se hacinan miles de cristianos que viven de la recogida y reciclaje de las toneladas de basuras que los 20 millones de habitantes de El Cairo generan cada día. De una de las casas salen gritos y lamentos y al rato un féretro que es llevado en volandas, mientras las mujeres, de negro riguroso, se abrazan y sostienen unas a otras. Los vecinos acusan al Ejército de ser cómplice de las muertes. Un hombre afirma que los agresores se parapetaron en los tanques para atacarles. Otro muestra los bidones de gasolina de metal, similares a los que portan los tanques y que supuestamente habrían sido usados para incendiar cinco fábricas de reciclaje de cartón y plástico y otras tantas villas. "¿Quién de nosotros puede coger algo del Ejército sin su permiso?", añade el hombre insinuando la connivencia de los militares.

Entre los edificios quemados hay dos que han sobrevivido a las llamas. "Son de musulmanes", explica una mujer que tiene lo poco que ha podido salvar en el incendio metido en una camioneta. A su alrededor, media docena de chiquillos descalzos y comidos de moscas se sorbe los mocos. "¿Dónde vamos a ir ahora, a América? Lo hemos perdido todo. La ropa, el oro..."

"Una mezcla de matones con palos y machetes y algunos barbudos atacaron a los cristianos", explica Badri Makra que llamó personalmente a los militares que "se tomaron su tiempo para acudir a acabar con la protesta". "Vinieron cinco tanques que se supone que iban a separarles y no lo hicieron".

En un comunicado que los Hermanos Musulmanes hicieron ayer a través de su página web acusaban al depuesto Gobierno de instigar la tensión religiosa para provocar el caos. Los Hermanos instaron a los egipcios a no dejarse atrapar en la trampa de la sedición sectaria por el peligro que entrañaría la desestabilización del país para la joven revuelta iniciada el 25 de enero pasado. El comunicado apelaba al orgullo nacional sin diferencia de "religión, color o credo" y destacaba que no se gana nada sin renunciar a algo y que la fuerza de la nación y el triunfo de la revolución residían en el respeto mutuo.

Es el segundo día que la capital egipcia vive enfrentamientos entre ambas comunidades después de que el pasado domingo fuera quemada una iglesia en el barrio de Helwan, a las afueras de la ciudad. Un grupo de musulmanes habían prendido fuego al templo después de un enfrentamiento entre familias que había dejado dos muertos porque una musulmana tenía una relación amorosa con un cristiano.

Egipto es un país de mayoría musulmana suní donde los cristianos coptos suponen apenas el 10 por ciento de una población de 80 millones y periódicamente se producen enfrentamientos entre ambas comunidades. La pasada Navidad los ánimos volvieron a prender cuando un atentado contra una iglesia en Alejandría dejó 23 muertos y más de 90 heridos.

Un capitán que controla el acceso al suburbio asegura que "trataron de separarles pacíficamente y que los militares no efectuaron "ni un disparo". "Si lo hubiéramos hecho habría muchos más muertos", afirma. Sí reconoce, sin embargo que oyó tiros, aunque no sabe "de donde procedían". En su opinión lo que ocurrió ayer en Moqqatam fue "sólo un malentendido". Un error que ha dejado a 13 madres sin sus hijos.

Mientras los diarios egipcios se hacían eco de la existencia de una "contrarrevolución en las calles". Matones con machetes se mueven por distintos lugares de la ciudad y estarían intentando sembrar el caos entre los ciudadanos. La plaza Tahrir fue ayer escenario de enfrentamientos, pero entre estos baltaguía, matones y los restos de manifestantes prodemócratas que seguían en la plaza. Varias personas resultaron heridas en la batalla a pedradas. El Ejército desmanteló después "con violencia" el campamento que aún quedaba en la glorieta del centro de la plaza, según ha denunciado Amnistía Internacional. Esta organización denunció de madrugada que algunos testigos afirmaban que el Ejército había permitido a los matones atacarles y que posteriormente más de 100 personas fueron detenidas. A los periodistas que lo presenciaron se les quitaron sus tarjetas de memoria de las cámaras.




Fuente: ElPais.com
Autor: Nuria Tesón / El Cairo
Fotografía: Uno de los fuegos que provocaron los enfrentamientos entre Coptos y musulmanes en la ciudad de El Cairo la noche de ayer / KHALED ALI - AFP



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viernes, 4 de marzo de 2011

La Corte Suprema de EEUU protege a los que protestan en los funerales de los militares

La máxima corte vota 8 a 1 a favor del grupo del reverendo Fred Phelps, considera que los males del mundo se deben a la tolerancia hacia los homosexuales
La Corte Suprema de Estados Unidos ha dictaminado que la Primera Enmienda de la Constitución americana protege a la Iglesia Bautista de Westboro a la hora de llevar a cabo protestas contra los homosexuales en los funerales de los militares muertos en las guerras de Irak y Afganistán. La máxima corte ha votado 8 a 1 a favor del grupo del reverendo Fred Phelps, que considera que los males del mundo, en general, y de Estados Unidos, en particular, se deben a la tolerancia que este país tiene hacia los homosexuales o el aborto, entre otros.

"Cuando el país está entregado a la sodomía y los sodomitas, es necesario este tipo de actuaciones", dijo Phelps cuando supo que Albert Snyder denunció a su Iglesia después de que los fanáticos seguidores del reverendo colocaran piquetes el día del entierro de su hijo, muerto en Irak en 2006. Phelps y su familia -esa es básicamente su congregación, son pocos pero hacen mucho ruido- se congregaron el día en que se daba sepultura al cadáver de Matthew Snyder portando pancartas en las que se leía "Gracias a Dios por los soldados muertos"; "Vais a ir todos al infierno"; "Dios odia a EEUU, Gracias por el 11-S". Un juego de palabras que combina el lema de los 'marines' -Semper Fi- con el insulto 'faggot' (maricón).

Snyder demandó a la Iglesia de Topeka (Kansas) por haberle causado "angustia emocional y mental" y ganó, por lo que Phelps fue condenado a pagar 11 millones de dólares que más tarde fueron reducidos a cinco (recomendamos leer el articulo de Ojo Adventista, "Bautistas, homosexuales y libertad de expresión"). El caso llegó hasta una corte de apelaciones federal en Virginia que revirtió el veredicto argumentando que la Constitución de Estados Unidos protegía a los miembros de la congregación. El siguiente paso fue el Supremo, que hoy establece que la Primera Enmienda garantiza la libertad de expresión de la Iglesia de Westboro.

El presidente del Supremo, el juez John Roberts, ha sido quien ha escrito la disertación sobre el dictamen. "La palabra es poderosa. Puede mover a la gente a tomar acciones, a derramar lágrimas de alegría o pena o -como ha sucedido en este caso- infligir gran daño. Pero no podemos reaccionar a ese daño castigando al portavoz", escribe Roberts. "Como nación hemos elegido un camino diferente, aquel en el que se defiende incluso el discurso hiriente", expone el juez. Samuel Alito ha sido el único magistrado disidente con la opinión mayoritaria del Tribunal. "Nuestro profundo compromiso como nación a un debate libre y abierto no es una licencia para el asalto verbal despiadado como ha ocurrido en este caso".

Cuarenta y ocho Estados de la Unión, 42 senadores y grupos de militares veteranos han apoyado al padre del soldado muerto en Irak en su batalla contra el fanatismo del reverendo y pidieron al Supremo que protegiera los funerales de los caídos del "terrorismo psicológico" de la familia Phelps.




Fuente: adaptado de el ElPais.com / El Tribunal Supremo de EEUU protege a los que protestan en los funerales de los militares


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