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lunes, 16 de enero de 2012

Yo tengo un sueño. Por Martin Luther King

El 28 de agosto de 1963 Martin Luther King brindó su discurso "Yo tengo un sueño" en los escalones del monumento a Lincoln en Washington D.C. Lea el texto completo de una oratoria histórica.



Estoy feliz de unirme a ustedes hoy en lo que quedará en la historia como la mayor demostración por la libertad en la historia de nuestra nación.

Hace años, un gran americano, bajo cuya sombra simbólica nos paramos, firmó la Proclama de Emancipación. Este importante decreto se convirtió en un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros que fueron cocinados en las llamas de la injusticia. Llegó como un amanecer de alegría para terminar la larga noche del cautiverio.

Pero 100 años después, debemos enfrentar el hecho trágico de que el negro todavía no es libre. Cien años después, la vida del negro es todavía minada por los grilletes de la discriminación. Cien años después, el negro vive en una solitaria isla de pobreza en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después el negro todavía languidece en los rincones de la sociedad estadounidense y se encuentra a sí mismo exiliado en su propia tierra.

Y así hemos venido aquí hoy para dramatizar una condición extrema. En un sentido llegamos a la capital de nuestra nación para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaratoria de la Independencia, firmaban una promisoria nota de la que todo estadounidense sería el heredero. Esta nota era una promesa de que todos los hombres tendrían garantizados los derechos inalienables de "Vida, Libertad y la búsqueda de la Felicidad".

Es obvio hoy que Estados Unidos ha fallado en su promesa en lo que respecta a sus ciudadanos de color. En vez de honrar su obligación sagrada, Estados Unidos dio al negro un cheque sin valor que fue devuelto marcado "fondos insuficientes". Pero nos rehusamos a creer que el banco de la justicia está quebrado. Nos rehusamos a creer que no hay fondos en los grandes depósitos de oportunidad en esta nación. Entonces hemos venido a cobrar este cheque, un cheque que nos dará las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia.

Sofocante verano del descontento

También vinimos a este punto para recordarle de Estados Unidos de la feroz urgencia del ahora. Este no es tiempo para entrar en el lujo del enfriamiento o para tomar la droga tranquilizadora del gradualismo. Ahora es el tiempo de elevarnos del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el iluminado camino de la justicia racial. Ahora es el tiempo de elevar nuestra nación de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la sólida roca de la hermandad. Ahora es el tiempo de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios.

Sería fatal para la nación el no percatar la urgencia del momento. Este sofocante verano del legítimo descontento del negro no terminará hasta que venga un otoño revitalizador de libertad e igualdad. 1963 no es un fin, sino un principio. Aquellos que piensan que el negro sólo necesita evacuar frustración y que ahora permanecerá contento, tendrán un rudo despertar si la nación regresa a su rutina habitual.

No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que el negro tenga garantizados sus derechos de ciudadano. Los remolinos de la revuelta continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que emerja el esplendoroso día de la justicia.

Pero hay algo que debo decir a mi gente, que aguarda en el cálido umbral que lleva al palacio de la justicia: en el proceso de ganar nuestro justo lugar no deberemos ser culpables de hechos erróneos. No saciemos nuestra sed de libertad tomando de la copa de la amargura y el odio. Siempre debemos conducir nuestra lucha en el elevado plano de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en la violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas de la resistencia a la fuerza física con la fuerza del alma.

Esta nueva militancia maravillosa que ha abrazado a la comunidad negra no debe conducir a la desconfianza de los blancos, ya que muchos de nuestros hermanos blancos, como lo demuestra su presencia aquí hoy, se han dado cuenta de que su destino está atado a nuestro destino. Se han dado cuenta de que su libertad está ligada inextricablemente a nuestra libertad. No podemos caminar solos. Y a medida que caminemos, debemos hacernos la promesa de que marcharemos hacia el frente. No podemos volver atrás.

Pruebas y tribulaciones

Existen aquellos que preguntan a quienes apoyan la lucha por derechos civiles: "¿Cuándo quedarán satisfechos?" Nunca estaremos satisfechos en tanto el negro sea víctima de los inimaginables horrores de la brutalidad policial. Nunca estaremos satisfechos en tanto nuestros cuerpos, pesados con la fatiga del viaje, no puedan acceder a alojamiento en los moteles de las carreteras y los hoteles de las ciudades. No estaremos satisfechos en tanto la movilidad básica del negro sea de un gueto pequeño a uno más grande. Nunca estaremos satisfechos en tanto a nuestros hijos les sea arrancado su ser y robada su dignidad por carteles que rezan: "Solamente para blancos". No podemos estar satisfechos y no estaremos satisfechos en tanto un negro de Mississippi no pueda votar y un negro en Nueva York crea que no tiene nada por qué votar. No, no estamos satisfechos, y no estaremos satisfechos hasta que la justicia nos caiga como una catarata y el bien como un torrente.

No olvido que muchos de ustedes están aquí tras pasar por grandes pruebas y tribulaciones. Algunos de ustedes apenas salieron de celdas angostas. Algunos de ustedes llegaron desde zonas donde su búsqueda de libertad los ha dejado golpeados por las tormentas de la persecución y sacudidos por los vientos de la brutalidad policial. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen su trabajo con la fe de que el sufrimiento sin recompensa asegura la redención.

Vuelvan a Mississippi, vuelvan a Alabama, regresen a Georgia, a Louisiana, a las zonas pobres y guetos de las ciudades norteñas, con la sabiduría de que de alguna forma esta situación puede ser y será cambiada.

No nos deleitemos en el valle de la desesperación. Les digo a ustedes hoy, mis amigos, que pese a todas las dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño. Es un sueño arraigado profundamente en el sueño americano.

El sueño

Yo tengo un sueño que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales.

Yo tengo un sueño que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad.

Yo tengo un sueño que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.

Yo tengo un sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter.

¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo un sueño que un día, allá en Alabama, con sus racistas despiadados, con un gobernador cuyos labios gotean con las palabras de la interposición y la anulación; un día allí mismo en Alabama pequeños niños negros y pequeñas niñas negras serán capaces de unir sus manos con pequeños niños blancos y niñas blancas como hermanos y hermanas.

¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo un sueño que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada, y toda la carne la verá al unísono.

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la que regresaré al sur. Con esta fe seremos capaces de esculpir de la montaña de la desesperación una piedra de esperanza.

Con esta fe seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día seremos libres.

Este será el día, este será el día en que todos los niños de Dios serán capaces de cantar con un nuevo significado: "Mi país, dulce tierra de libertad, sobre ti canto. Tierra donde mis padres murieron, tierra del orgullo del peregrino, desde cada ladera, dejen resonar la libertad". Y si Estados Unidos va a convertirse en una gran nación, esto debe convertirse en realidad.

Entonces dejen resonar la libertad desde las prodigiosas cumbres de Nueva Hampshire. Dejen resonar la libertad desde las grandes montañas de Nueva York. Dejen resonar la libertad desde los Alleghenies de Pennsylvania! Dejen resonar la libertad desde los picos nevados de Colorado. Dejen resonar la libertad desde los curvados picos de California. Dejen resonar la libertad desde las montañas de piedra de Georgia. Dejen resonar la libertad de la montaña Lookout de Tennessee. Dejen resonar la libertad desde cada colina y cada topera de Mississippi, desde cada ladera, dejen resonar la libertad!

Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese día cuando todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de un viejo negro spiritual : "¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡por fin somos libres!" 1


Yo tengo un sueño (I Have a Dream) es el nombre popular del discurso más famoso de Martin Luther King Jr., cuando habló poderosa y elocuentemente de su deseo de un futuro en el cual la gente de tez negra y blanca pudiesen coexistir armoniosamente y como iguales. Este discurso, pronunciado el 28 de agosto de 1963 desde las escalinatas del Monumento a Lincoln durante la Marcha en Washington por el trabajo y la libertad, fue un momento definitorio en el Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos. Está considerado frecuentemente como uno de los mejores discursos de la historia, y quedó en el primer puesto entre los discursos del siglo XX según los estudiosos de la retórica.

Ampliamente aclamado como una pieza maestra de la retórica, el discurso de King se asemeja al estilo del sermón de un ministro bautista negro. Apela a fuentes icónicas y ampliamente respetadas como la Biblia, e invoca la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, la Proclamación de Emancipación, y la Constitución de los Estados Unidos. A través del instrumento retórico de la alusión (definido por Campbell y Huxman (2003) como "referencia indirecta a nuestro acervo cultural compartido, como la Biblia, la mitología griega y romana, o nuestra historia"), King hace uso de frases y lenguaje de importantes textos culturales para sus propios propósitos retóricos. Cerca del comienzo King alude al Discurso de Gettysburg de Lincoln diciendo: "Five score years ago..." una particular forma de decir "cien años" en inglés (pues score son 20 años y 20 x 5 = 100).

Las alusiones bíblicas también son comunes. Por ejemplo, King alude al Salmo 30:5 en la segunda estrofa de su discurso. Dice en referencia a la abolición de la esclavitud articulada por la Proclamación de Emancipación , "llegó como un precioso amanecer para terminar una larga noche de cautiverio." Otra alusión bíblica es encontrada en la décima estrofa: "No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que "la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente." Esta es una alusión a Amós 5:24. King también cita de Isaías 40:4 -"Sueño que algún día los valles serán cumbres..."

La formación religiosa del orador se percibe claramente ya que utiliza tres veces la expresión "hijos de Dios", habla de que "la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano", da ánimo a su gente diciéndoles un mensaje cristiano "Continúen trabajando con la convicción de que el sufrimiento que no es merecido, es emancipador" y cerrando el discurso con ""¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!".

Paralelismo, o "usar la misma fraseología inicial en una secuencia de afirmaciones o frases para agregar énfasis, orden, o climax a una idea" (Campbell & Huxman, 2002, p. 177), es una herramienta retórica empleada a través de todo el discurso. Un ejemplo de paralelismo es encontrado casi al principio cuando King insta a su público a aprovechar el momento "Ahora es el momento..." es repetido cuatro veces en la sexta estrofa. El ejemplo más citado de paralelismo es encontrando en la frase "Yo tengo un sueño..." que es repetida ocho veces cuando King describe a su audiencia una imagen de un Estados Unidos de América integrado y unido. 2


Subtitulado en ingles





Fuente 1: BBC mundo
Fuente 2: Wikipedia.com
Autor: Martin Luther King, Jr ( EEUU, 1929-1968) fue un pastor bautista, líder de los movimientos pacíficos defensores de los derechos civiles para los afroamericanos y que, además, participó como activista en numerosas protestas contra la Guerra de Vietnam y la pobreza en general. Por ello fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz en 1964. No obstante que fue asesinado, hoy es recordado como uno de los mayores líderes y héroes de la historia de Estados Unidos, y en la moderna historia de la no violencia. Se le concedió a título póstumo la Medalla Presidencial de la Libertad por Jimmy Carter en 1977 y la Medalla de oro del congreso de los Estados Unidos en 2004. Desde 1986, el Martin Luther King Day es día festivo en los Estados Unidos.

Nota: actualización de nota anteriormente publicada el 21 de enero de 2008





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jueves, 4 de noviembre de 2010

Los Adventistas y la Dignidad Humana. Por John Graz

"Al promover la libertad religiosa, la vida familiar, la educación, la salud, la asistencia mutua y la satisfacción de las clamorosas necesidades humanas, los adventistas afirman la dignidad de la persona humana creada a la imagen de Dios"1. De la declaración publicada por la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día el 17 de noviembre de 1998, a propósito del 50° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

¿Por qué como iglesia creemos y proclamamos la dignidad de cada ser humano? ¿Por qué los derechos de todos los seres humanos -derecho a la igualdad, la salud, la libertad, las oportunidades personales y vocacionales, libertad de expresión y de culto- sin importar la raza, la religión, la nacionalidad, el idioma, el color o la tribu, son tan importantes para la visión y misión de la iglesia? La respuesta es simple. Nuestro mandato de respetar la dignidad humana no es resultado de la política, la educación, la sociología o la psicología, sino que se basa en un compromiso de fe con nuestro Dios Creador.

Eso significa que al referirnos a la dignidad humana debemos considerar primero la relación entre Dios y el hombre y comprender sus profundas implicaciones teológicas y relacionales. Dichas consideraciones abarcan la realidad de la creación, la cruz, el Espíritu Santo, la ley moral y el discipulado.


La creación y la dignidad humana

El concepto adventista de dignidad humana tiene su origen en el pensamiento mismo de Dios, quien en su sabiduría infinita instituyó a la raza humana como corona de su proceso creador, pues cuando él dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza" (Génesis 1:26) 2, estaba compartiendo algo de su singularidad con los seres humanos. Los seres humanos no son meras criaturas. Su lugar en la creación es absolutamente peculiar. A ellos se les dio dominio "sobre los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra". A ellos se les dio el poder de pensar, de elegir, de ser creativos, de ser socios de Dios en compañerismo y mayordomía.

Todas las otras criaturas son asimismo "seres vivientes", pero los humanos deben reflejar la imagen de Dios y ser hacedores de su voluntad. Adán recibió una misión: ser el mayordomo de Dios en la Tierra. Las diferencias entre el concepto bíblico y las tradiciones antiguas o la teoría de la evolución son abismales. No somos el producto accidental de un largo y complejo proceso evolutivo o la acción arbitraria de una divinidad lunática. Somos el fruto del amor de Dios y parte de su diseño universal. Somos llamados a ser los actores principales en un destino extraordinario. Por lo tanto, al tratar con los seres humanos, estamos tratando con el Hacedor. En ese parentesco divino se encuentra la base misma del concepto adventista de dignidad humana.


La cruz y la dignidad humana.

Un segundo factor que refuerza el ancla teológica de la dignidad humana desde una perspectiva adventista es que Dios no abandonó a la raza humana a la muerte y destrucción, aun después de que se rebelara en contra de su voluntad. Cuando Adán y Eva pecaron en el Jardín del Edén, se rebelaron en contra de la expresa voluntad divina, y merecían morir. Pero Dios confrontó el pecado de una forma diferente. Aunque rebeldes, Adán y Eva y sus descendientes eran aún su creación, y Dios escogió enfrentar la rebelión con la redención, la muerte con la vida, el odio con el amor. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16). Por más pecaminosos que seamos, por más lejos que hayamos vagado, aún somos la posesión preciosa de Dios. Él nos ha dotado de dignidad, y aunque es el propósito premeditado de Satanás destruir esa dignidad por medio del pecado y sus muchos engaños, Dios ha revelado por medio de su Hijo Jesucristo cuán preciosos somos a sus ojos. De manera tal que Jesús murió en la cruz por nuestros pecados. Es decir que la cruz llega a ser la afirmación perdurable de que cada ser humano es una persona de valor y dignidad inmensurables. De hecho, Jesús se ha identificado de tal manera con la humanidad que lo que le hacemos a una persona es como si se lo hiciéramos a él: "De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis" (Mateo 25:40). Por lo tanto, cada vez que alguien es abusado y torturado o humillado, afecta a Cristo. La criatura de Dios, el objeto de la redención de Cristo, nunca debería ser tratada como un objeto ordinario, sino como una joya irremplazable.


La dignidad humana y el templo del Espíritu Santo.

Si la acción redentora y creadora de Dios provee el fundamento de nuestro concepto de la dignidad humana, ese concepto es transportado a nuevas alturas por la afirmación bíblica de que somos el templo del Espíritu Santo. "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es" (1 Corintios 3:16, 17). Y otra vez dice: "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio" (6:19, 20).

Afirmar que somos el templo de Dios y que nuestros cuerpos son la habitación del Espíritu Santo es atribuir a la persona la más elevada dignidad humana posible. Aun un incrédulo no osaría profanar un lugar de adoración. ¿Cómo, entonces, podemos abusar de nuestros prójimos, creados a la imagen de Dios y templos potenciales del Espíritu Santo? Nadie es demasiado pequeño, demasiado pobre, demasiado indigno como para ser tratado sin respeto. Eso no es todo. Nuestra teoría de la dignidad humana llega al punto de requerirnos que tengamos sumo cuidado de nuestra mente y de nuestro cuerpo, y que no los sometamos a abusos o malos tratos de ningún tipo. Es decir, que el llamado adventista a respetar la dignidad humana proviene de nuestra actitud hacia nosotros mismos para abrazar a toda la humanidad sin distinción.


La dignidad humana y los mandamientos de Dios.

Se puede considerar los Diez Mandamientos como el primer documento de derechos humanos. La violación de uno de ellos afecta directamente la calidad de vida, la paz y la dignidad. Jesús resumió los Diez Mandamientos en pocas palabras: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.... Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mateo 22:37). Los primeros cuatro mandamientos se ocupan de nuestra lealtad hacia Dios, que es la fuente de nuestros derechos. Los últimos seis definen nuestra relación de unos con otros como seres humanos. Si bien Dios continúa siendo el punto de referencia supremo y el que define nuestra actitud hacia los demás, es en los detalles de la segunda parte de la ley moral que se codifican nuestras relaciones humanas. ¿Puedes imaginar a alguien que regula su vida con la brújula moral de los Diez Mandamientos como un mentiroso, un asesino, o alguien que menosprecia y falta el respeto a su prójimo? Esta relación conceptual entre la ley moral y la dignidad humana fue ampliada por Jesús en el Sermón del Monte. Un ejemplo alcanza: Jesús no definió el asesinato simplemente como el quitar una vida, sino como cualquier acto de desprecio, hasta el hecho de llamar "necio" al prójimo (ver Mateo 5:21, 22). Es por eso que el énfasis adventista en la ley moral y la personificación del amor puro e ilimitado constituye un terreno firme e inamovible para nuestra defensa de los derechos y la dignidad humanos.


La dignidad humana: implicaciones para el discipulado.

Para los adventistas del séptimo día, la dignidad humana no debe constituir solamente una teoría. El aislar nuestra creencia de nuestra práctica ha sido la persistente tentación de la vida religiosa, y esto nunca es más cierto que en el campo de las relaciones humanas. Cuando Dios nos ordena amarlo con todo nuestro ser y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, nos hace un llamado a regresar a su objetivo original para la vida. El meollo de la vida es estar en una buena y apropiada relación tanto con Dios como con los seres humanos. El profeta Isaías declara la característica de inseparable de las dos: "¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en tu casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?" (Isaías 58:6, 7). En consecuencia, la religión es más que una rutina formal. Es más que frases agradables, elaboradas oraciones, himnos grandiosos o impresionantes ceremonias en una elegante y cómoda iglesia. No es un catálogo de doctrinas, aunque las doctrinas son importantes. ¡Es vivir una vida real! Como dice Santiago: "La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo" (Santiago 1:27). En otras palabras, no puede haber una verdadera experiencia religiosa sin respeto por la dignidad humana.

Esto explica por qué los adventistas desde el mismo comienzo de su historia se han comprometido a sostener el valor de cada ser humano. Desde un mismo comienzo, adoptaron posiciones definidas contra toda forma de injusticia social. Elena White escribió: "La esclavitud, el sistema de castas, los prejuicios raciales, la opresión del pobre, el descuido del infortunado, todas estas cosas son declaradas como anticristianas y una seria amenaza para el bienestar de la raza humana, y como un mal que la iglesia de Cristo está encargada de cambiar" 3. Y agregó: "El Señor Jesús exige que reconozcamos los derechos de cada hombre. Los derechos sociales de los hombres, y sus derechos como cristianos, han de ser tomados en consideración. Todos han de ser tratados con refinamiento y delicadeza, como hijos e hijas de Dios"4.

Como resultado, nuestra iglesia ha desarrollado un ministerio de restauración y respeto por la dignidad humana. A través de un sistema global de iglesias, escuelas, hospitales, servicios comunitarios y la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales, los adventistas transmiten un mensaje que fomenta el cuidado por toda la humanidad en 203 de los 208 países reconocidos por las Naciones Unidas. Entre las iglesias cristianas, somos líderes en la promoción de la libertad religiosa para todos. Por medio de la pluma y la palabra, de la misión y el ministerio, no sólo formulamos sino que intentamos dar una respuesta a interrogantes tales como: Cómo defender y promover los derechos humanos, qué debería hacerse con los diversos tipos de discriminación en los diferentes países, qué hacer con los dictámenes que apoyan la guerra y el terror, qué podemos decir acerca de sistemas y estructuras políticas que podrían afectar la vida de las personas, producir hambrunas, refugiados y campos de concentración, cómo deberíamos responder a la tragedia del SIDA, qué en cuanto al trabajo infantil, la esclavitud, y el estatus de la mujer.

No pretendemos tener todas las respuestas o soluciones eficaces para cada problema. Pero el hacernos estas preguntas y el trabajar en cooperación con otras agencias para promover los valores humanos es en sí mismo una tarea necesaria. No podemos darnos el lujo de permanecer callados cuando se produce cualquier tipo de violación de los derechos de las personas.


No podemos estar callados.

En 1998 Zdravko Plantak publicó un valeroso libro acerca de nuestra iglesia y los derechos humanos. El título "The Silent Church" (The Silent Church: Seventh-day Adventism, Human Rights and Modern Adventist Social Ethics) es en sí mismo muy elocuente al referirse a una iglesia silenciosa. Dice el autor: "Los adventistas deben relacionarse con el resto del mundo porque su Dios tiene cuidado de ellos y quiere que ellos se ocupen de los otros. Identificarse con Jesús significa identificarse con los pobres, los oprimidos y con los que sufren la negación de sus derechos y libertades básicas. No es suficiente preocuparse por una persona y no preocuparse por las leyes que afectan la vida de esa persona en la sociedad"5.

Los pioneros adventistas entendieron eso perfectamente. Elena White puede haber promovido una mejora en las condiciones de los esclavos, pero condenó la esclavitud con términos sumamente claros: "La institución de la esclavitud... permite que el hombre ejerza sobre su prójimo un poder que Dios nunca le otorgó, y que pertenece sólo a Dios"6. Y fue aun más lejos, condenando la costumbre de tener esclavos como "un insulto a Jehová"7.

Jaime White escribió que el cristiano "tiene en realidad tanto interés en este viejo mundo como cualquier otra persona. Aquí debe estar y cumplir con la parte que le toca hasta que venga a reinar el Príncipe de Paz"8.

Esta visión temprana de los pioneros que afirmaba que el cristiano tiene que ir más allá del enfoque de asistencia tradicional en beneficio de los problemas del valor y la dignidad humanas se reflejó en la resolución de 1865 de la Asociación General: "Se resuelve que, a nuestro juicio, el acto de votar cuando se lo hace en beneficio de la justicia, la humanidad, y el derecho, es en sí mismo intachable, y en ciertas ocasiones puede ser altamente recomendable; pero que apoyar delitos tales como la intemperancia, la insurrección y la esclavitud constituye, según consideramos, un crimen gravísimo a los ojos del Cielo"9.

Esta resolución hacía un llamado a la promoción y defensa de la dignidad humana por medio del "acto de votar" para cambiar la ley. Sin embargo, los pioneros pusieron un límite: "No obstante, rechazamos toda participación en el espíritu de luchas partidarias"10.


La dignidad humana: un valor fundamental.

Para los adventistas, entonces, la dignidad humana es un valor fundamental. No deberíamos apoyar de una u otra manera una ley o actitud que le niegue la dignidad a ningún segmento de la humanidad. Como iglesia deberíamos ser prudentes y sabios cuando hablamos en forma oficial, pero ser una iglesia silenciosa acerca de temas vitales es como estar avergonzados de Jesús nuestro Dios Creador y Salvador. Como miembros de iglesia, no deberíamos tomar parte en ninguna empresa que transforme una persona creada a la imagen de Dios en una cosa u objeto. Esto no es sólo cuestión de consecuencia sino también de testimonio. Nunca deberíamos olvidar que en esta Tierra somos los embajadores del reino de Dios, y de que somos los heraldos de una nueva creación que restaura y establece para siempre la dignidad humana. Entonces y sólo entonces "nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia" (Isaías 58:8).




Fuente: Dialogo Universitario
Autor: John Graz (Doctor en Filosofía, Universidad de la Sorbona) es el director de Asuntos Públicos y Libertad Religiosa de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día y Secretario General de la Asociación Internacional de Libertad Religiosa (IRLA)
Notas y referencias. 1. Declaraciones, orientaciones y otros documentos (Buenos Aires: Asoc. Casa Editora Sudamericana, 2000), p. 57. 2. Todas las referencias bíblicas de este artículo están citadas de la Versión Reina-Valera (1960). 3. Elena White, Notas biográficas de Elena G. de White (Mountain View: Pacific Press Publ. Assoc., 1981), p. 519. 4. Elena White, Obreros evangélicos (Buenos Aires: Asoc. Casa Editora Sudamericana, 1971), p. 129. 5. Zdravko Plantak, The Silent Church (New York: St. Martin's Press, Inc., 1998), p. 48. 6. Elena White, Testimonies for the Church (Mountain View, Calif.: Pacific Press Publ. Assn., 1948), 1:358. 7. Ibíd., p. 31. Ver Douglas Morgan, Adventists and the American Republic (Knoxville: The University of Tennessee Press, 2001), p. 31. 8. Jaime White citado en Morgan, p. 34. 9. "Report of the Third Annual Session of the General Conference", p. 197; citado en Morgan, pp. 36, 37). 10. Ibíd.


Originalmente este articulo ha sido publicado el jueves 5 de julio de 2007 en uno de los blogs que pasaron a conformar lo que es hoy OJO ADVENTISTA


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sábado, 25 de octubre de 2008

Los Adventistas y la Dignidad Humana. Por John Graz

"Al promover la libertad religiosa, la vida familiar, la educación, la salud, la asistencia mutua y la satisfacción de las clamorosas necesidades humanas, los adventistas afirman la dignidad de la persona humana creada a la imagen de Dios"1. De la declaración publicada por la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día el 17 de noviembre de 1998, a propósito del 50° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

¿Por qué como iglesia creemos y proclamamos la dignidad de cada ser humano? ¿Por qué los derechos de todos los seres humanos -derecho a la igualdad, la salud, la libertad, las oportunidades personales y vocacionales, libertad de expresión y de culto- sin importar la raza, la religión, la nacionalidad, el idioma, el color o la tribu, son tan importantes para la visión y misión de la iglesia? La respuesta es simple. Nuestro mandato de respetar la dignidad humana no es resultado de la política, la educación, la sociología o la psicología, sino que se basa en un compromiso de fe con nuestro Dios Creador... continúe leyendo en LIBERTAD RELIGIOSA y SEPARACIÓN IGLESIA-ESTADO / ojo adventista, haciendo clic aquí.



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lunes, 21 de enero de 2008

Yo tengo un sueño. Por Martin Luther King

El 28 de agosto de 1963 Martin Luther King brindó su discurso "Yo tengo un sueño" en los escalones del monumento a Lincoln en Washington D.C.

...Yo tengo un sueño que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales.

Yo tengo un sueño
que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad...

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lunes, 31 de diciembre de 2007

AMAZING GRACE, EL EJEMPLO DE WILBERFORCE

La película Amazing Grace, de Michael Apted (vea el trailer de presentacion en EStatoLOGICO), basada en la vida de William Wilberforce, el político cristiano que consiguió abolir la esclavitud en el Imperio británico.Esta película fue estrenada el 23 de febrero último, cuando se cumplían los 200 años de la votación que puso fuera de la legalidad el tráfico de seres humanos en los dominios británicos. El 23 de febrero de 1807, por 283 votos a favor y 16 en contra, la Cámara de los Comunes aprobó la Slave Trade Act. Luego de mas de 20 años de lucha de un puñado de hombres liderados por Wilberforce.

La película se llama como el himno cristiano “Amazing Grace” compuesto por John Newton (vea el video cantado por Wintley Phipps), quien había sido capitán de barcos negreros muchos años. En una tormenta en el mar se convirtió, se arrepintió del sufrimiento causado a miles de personas y se hizo clérigo. Wilberforce le conoció y quedó impactado por él.

La influencia de Wesley.

William Wilberforce nació el 24 de agosto de 1759 en Hull, condado de Yorkshire. Hijo de un rico mercader, huérfano a los 17 años, se traslado con sus tíos en Londres. Por su tía Hannah conoció el metodismo, denominación protestante fundada por John Wesley en el seno de la Iglesia anglicana. El metodismo sacaba la predicación a las calles, fuera de los templos, y pedía con ardor una reforma de las costumbres frente a un anglicanismo cada vez más “culto de Estado”. Muerto Wesley, el metodismo se separó de la Iglesia Anglicana.

En 1776, el joven Wilberforce, estudiando en el St John´s College de Cambridge, entabló una profunda amistad con William Pitt, que habría de ser Primer Ministro de Gran Bretaña durante 20 años. Pitt nunca fue un hombre especialmente moral: Wilberforce sería su conciencia en muchas ocasiones, como reconoció el propio Pitt.

Parlamentario.

Poco interesado en los negocios familiares, Wilberforce decidió dedicarse a la política desde muy joven. Con tan solo 21 años, en septiembre de 1780, fue elegido miembro del parlamento por Hull como independiente entre los Tories. Tres años después su amigo Pitt se convirtió en Primer Ministro.

Wilberforce veía en la política un instrumento reformar la sociedad a partir de los valores éticos y morales del evangelio. Wilberforce no era tanto un político que en su vida privada era cristiano, como un cristiano que quiso valerse de la acción política para servir a la sociedad. Así podía escribir: “Dios Todopoderoso ha puesto delante de mí dos grandes objetivos: la supresión del tráfico de esclavos y la reforma de las costumbres”.

Nunca escondió su condición de hombre de fe. Al contrario, hizo de la fe su fuente de acción política.

Abolicionista.

Su campaña abolicionista no fue tarea fácil. La esclavitud no acababa de ser vista por la sociedad británica como algo intrínsicamente malo. Tampoco ayudaba nada la posibilidad de un conflicto armado con la Francia revolucionaria. Los británicos estaban más preocupados por la suerte de su patria tras lo ocurrido en el país vecino, que en la suerte de los esclavos.

Pese a todo, Wilberforce y sus compañeros abolicionistas –Charles Fox en la Cámara de los Comunes y Lord Genville en la Cámara de los Lores- no cejaron en el empeño, ni se echaron atrás ante las constantes derrotas en votaciones parlamentarias.

La muerte de Fox en septiembre de 1806 parecía ser un golpe definitivo para el grupo de abolicionistas, pero lo cierto es que Wilberforce dedicó los últimos meses de ese año a escribir su ensayo A Letter on the Abolition of the Slave Trade (Carta sobre la Abolición del Tráfico de Esclavos). Publicado el 31 de enero del 1807, fue determinante en la victoria de la causa en favor de la dignidad humana.

Lord Grenville consiguió que la Cámara de los Lores aprobara por un margen insospechadamente favorable un proyecto de ley abolicionista. La Cámara de los Comunes confirmó dicho proyecto de ley. Veinte años de lucha se vieron coronados por el éxito.

Libertador.

Wilberforce no sólo combatió la esclavitud. Trabajó también a favor de las misiones cristianas británicas en la India y el continente africano y encabezó una campaña en contra del maltrato de los animales.

Aunque ya había sido abolido el tráfico de esclavos (su captura y comercio) no se habían liberado aquellos que ya tenían esta condición. El último discurso parlamentario de Wilberforce el 11 de junio del 1823 fue a favor de la total emancipación de los esclavos, lo que supondría la desaparición de la esclavitud en Gran Bretaña y sus colonias.

Su salud fue deteriorándose y a principios de 1825 renunció a su sillón en el parlamento. En los años que siguieron hasta su muerte continuó su labor a través de cartas a su amplísimo círculo de amistades, a las cuales animaba constantemente para lograr la total abolición de la esclavitud.

Tuvo tiempo de ver cómo el Acta de Abolición de la Esclavitud fue aprobada por la Cámara de los Comunes el 26 de julio de 1833. Tres días después entregó su alma a su Creador. Un mes después, ese Acta fue ratificada y los esclavos fueron por fin libre en el Imperio Británico.

No faltó quien quiso ver un paralelismo entre la muerte de Moisés y la de Wilberforce, producidas ambas justo antes de ver consumado aquello a lo que habían entregado lo mejor de sus vidas.

Ejemplo

Wilberforce es un referente para el cristiano de nuestro tiempo. Es el ejemplo de cómo merece la pena dedicar toda una vida a defender la dignidad de todos los hombres, aunque para ello haya que enfrentarse a una sociedad y una clase política poco digna de llamarse civilizada.

"La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos" (Elena de White, La Educación, pág. 54)

Recomiendo leer el articulo "Wilberforce y las raices de la libertad".

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domingo, 30 de diciembre de 2007

WILBERFORCE Y LAS RAICES DE LA LIBERTAD

William Wilberforce es uno de los grandes hombres olvidados de la historia. Pero, todo eso está por cambiar a medida que los Estados Unidos distinguen al Mes de la Historia Negra con Amazing Grace (vea el trailer y comentarios en "EStatoLOGICO"), el extraordinario nuevo film que se estrenó en todo el país el 23 de febrero. Amazing Grace conmemora el bicentenario de la prohibición británica del comercio de esclavos (1807), un movimiento antiesclavista liderado por Wilberforce. Sin él, no hubiese terminado el comercio de esclavos, al menos no en su época. Y sin la conversión al cristianismo que cambió su vida, Wilberforce podría haber vivido una vida olvidable como el hijo de un hombre rico. En cambio, ayudó a dar nacimiento a una nueva libertad en el Imperio Británico, a la esperanza en los Estados Unidos, e inspiración a los abolicionistas de todas partes. Hoy día, con la esclavitud propagándose en África y Asia, y, según Amnistía Internacional, unos estimados 27 millones de esclavos en todo el mundo, Amazing Grace es más que una obra histórica: es una oportuna y perdurable lección sobre lo que un solo hombre puede hacer para detener la difusión del mal.

“La religión en la política” es un tópico lo suficientemente acalorado como para provocar un alboroto de cantina, o hacer caer los cubículos de las oficinas modernas. No obstante, no hay un desplazamiento de la pasión religiosa que alimentó al abolicionismo, y a los posteriores movimientos de derechos civiles. Para bien o para mal, los estadounidenses heredaron tanto la esclavitud como el cristianismo de los británicos. Mientras la esclavitud se burlaba de la retórica de nuestra Declaración de la Independencia (“todos los hombres son creados iguales”), unos pocos en Gran Bretaña y los Estados Unidos se sentían entusiastas respecto de terminar con la esclavitud porque la misma violaba las enseñanzas morales de Jesús Cristo y también el espíritu de la Declaración: cada uno de nosotros “dotado por nuestro Creador” con los derechos a “la vida, la libertad, y a la búsqueda de la felicidad”.

El fervor del abolicionismo proviene del Nuevo Testamento, un texto literario que proporciona los principios universales del derecho natural para atacar a la esclavitud. La fe cruzó fronteras y océanos, con cristianos tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos invocando el derecho natural para primero terminar con el comercio de esclavos (1807) y luego para abolirlo por completo dentro del Imperio Británico (1833).

La historia en verdad se inicia en Gran Bretaña, donde un atípico miembro del Parlamento, William Wilberforce, corajudamente enarboló la causa de la emancipación humana, no obstante la oposición virtualmente universal. Hijo de un próspero comerciante, el joven Wilberforce llevaba el estilo de vida hedonista de un estudiante universitario en Cambridge. Aburrido del negocio paterno, ingresó al Parlamento a los 21 años de edad he hizo fácilmente amigos. Cinco años después, experimentó una conversión que lo llevó a dedicar su vida a liberar a aquellos en sumisión. En 1791, su proyecto de ley para abolir el comercio de esclavos fracazó por un amplio margen pero insistió. En 1807, Wilberforce publicó A Letter on the Abolition of the Slave Trade en vísperas de la abrumadora votación del Parlamento para poner fin al comercio de seres humanos—un cambio destacable en quince años. En 1823, “el politico de Dios” inició una campaña de diez años para terminar por completo con la esclavitud, publicando su obra Appeal to the Religion, Justice and Humanity of the Inhabitants of the British Empire in Behalf of the Negro Slaves in the West Indies, en la cual sostenía que la emancipación total e incondicional era un “deber ante Dios” de carácter moral y ético. Wilberforce falleció en 1833 apenas cuando el Parlamento abolía la esclavitud. Su amigo John Newton, alguna vez uno de los más crueles comerciantes de esclavos, más adelante en su vida experimento una experiencia de “conversión” similar y escribió la famosa canción “Amazing Grace”—de ahí el título de la película acerca de la impresionante campaña de Wilberforce en contra de la esclavitud.

Bajo el liderazgo de Wilberforce, el movimiento en contra de la esclavitud en Gran Bretaña desarrolló tácticas similares a las de los abolicionistas estadounidenses: oradores en circuitos de conferencias, peticiones masivas al Congreso, distribución de tratados abolicionistas, y el empleo de mujeres “respetables” como defensoras de la causa. Los abolicionistas estadounidenses enfrentaron grandes peligros, incluidos el “amordazamiento” de las peticiones al Congreso, la confiscación de la correspondencia abolicionista en el sur, y las amenazas de muerte. A pesar de las diferencias, tanto en Gran Bretaña como en los Estados Unidos, individuos inspirados en el cristianismo fueron impulsados a organizarse en oposición a la propiedad de un hombre de otro hombre.

La esclavitud, por su puesto, nunca desapareció por completo. Lamentablemente, millones permanecen esclavizados en África, Asia, y otras partes. Inspirados por el ejemplo de Wilberforce, los productores de Amazing Grace esperan provocar a la opinion pública en contra del comercio de esclavos a través de un sitio en Internet, www.amazinggracemovie.com, que patrocina “El cambio maravilloso” para lanzar “una campaña para abolir la esclavitud contemporánea y permitir a niños y adultos de todo el mundo vivir en libertad”. Motivado por la cristiandad o no, este es un ejemplo de “religión en la política” con el que los liberales y conservadores perfectamente podrían coincidir.

Fuente: The Independent Institute.
Autor: Jonathan J. Bean (Orange County Register 28/2/2007 ) es Investigador Asociado en el Independent Institute, Profesor de Historia en la Southern Illinois University, y director del libro de próxima aparición, Race and Liberty: The Classical Liberal Tradition of Civil Rights.
Traduccion: Gabriel Gasave

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