miércoles, 30 de septiembre de 2009

Expertos aconsejan evitar leyes de difamación religiosa

La legislación anti difamatoria podría implicar abusos e injusticias, afirman defensores de la libertad religiosa.

Al referirse a los alcances de la legislación propuesta contra las expresiones de odio, los miembros de la Comisión de Expertos de la Asociación Internacional de Libertad Religiosa prepararon el borrador de una declaración que expresa que las leyes religiosas son innecesarias durante el undécimo encuentro anual del grupo.

Las leyes internacionales sobre derechos humanos existentes son un medio suficiente de proteger a los grupos religiosos contra las expresiones de odio que podrían resultan en discriminación o violencia, acordaron los miembros durante las conversaciones llevadas a cabo del 1 al 3 de septiembre en la sede central de la Iglesia Adventista y en otros lugares de Washington, D.C.

La declaración se produce en un momento cuando los organismos internacionales tales como las Naciones Unidas apoyan la creación de leyes específicas contra las expresiones de odio con el objetivo de evitar delitos motivados por el odio religioso.

Si bien los expertos están de acuerdo con la motivación que esconden esas leyes, afirmaron que su implementación podría resultar contraproducente, porque violaría las libertades individuales de expresión, que incluyen el derecho a criticar las creencias y prácticas religiosas.

"Si bien hay leyes que ya garantizan la libertad religiosa, si me siento ofendido, puedo apelar a esta otra ley que invalida la primera", dijo Robert Seiple, ex embajador de los Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional. "Las buenas leyes y los buenos abogados no garantizan una buena conducta", añadió.

La declaración reitera las conclusiones alcanzadas por los miembros de la comisión cuando se reunieron por primera vez a analizar el tema el otoño pasado en Bucarest, Rumania. Sin una definición universalmente aceptada de qué constituye difamación religiosa, los expertos creen que las leyes que buscan eliminar las expresiones de odio podrían ser implementadas de manera desigual y arbitraria.

Si bien algunos miembros del panel, como por ejemplo Rosa María Martínez de Codes, docente de la Universidad Complutense de Madrid, acordaron que tiene que existir un "margen de respeto" por las diversas creencias, el panel concluyó que el diálogo y la educación, en lugar de la legislación, pueden contribuir mejor a desarrollar esta actitud.

Entre varias sugerencias, la declaración propone que el gobierno y los líderes educativos y religiosos fomenten "la comprensión, la tolerancia, el respeto y la amistad" entre los miembros de diversas religiones.

"Tenemos que elevar nuestro pensamiento más allá del común denominador de la tolerancia básica a la verdadera comprensión", dijo Seiple.

La declaración también hace un llamado a los defensores de los derechos humanos para que "supervisen atentamente" la implementación de las leyes de difamación religiosa ya aprobadas para evitar cualquier "consecuencia contraproducente".

Los miembros esperan que en adición a los expertos de derechos humanos y a las Naciones Unidas, la declaración alcance a los miembros de las agencias no gubernamentales y a las cabezas de estado.


Fuente: ANN / Adventist News Network

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domingo, 13 de septiembre de 2009

Sotomayor es la sexta católica en la Corte Suprema de los Estados Unidos

Sonia Sotomayor logró ascender a la Corte Suprema, es la sexta católica en el máximo tribunal, pero aun así aportaría algo de diversidad pues los católicos no son homogéneos: algunos van a misa religiosamente, otros son sólo feligreses ocasionales.

Sotomayor, quien fue a una escuela parroquial, se ha abstenido de dar declaraciones sobre su fe desde que fue nominada por el presidente Barack Obama.

La Casa Blanca ha dicho solamente que ella "actualmente no pertenece a ninguna iglesia o parroquia en particular, pero asiste a servicios religiosos con su familia y amistades en ocasiones importantes".

Por ello se le puede considerar una "católica cultural", alguien que se identifica con el catolicismo y sus tradiciones pero no acude a los servicios religiosos periódicamente.

Más de la mitad de los católicos estadounidenses nunca o rara vez van a misa, y por lo general tienen puntos de vista más liberales en cuanto al aborto, el matrimonio entre homosexuales y otros temas que sus pares más religiosos.

En la Corte Suprema, los jueces que van a misa regularmente son John Roberts (el presidente del tribunal), Antonin Scalia, Clarence Thomas y Samuel Alito. Uno de los hijos de Scalia es sacerdote. Roberts fue a La Lumiere, una escuela católica privada en La Porte, Indiana y su esposa es miembro activo de Feminists for Life.

Thomas, que en otros años consideró unirse al clero y se inscribió brevemente en un seminario, por algunos años fue a una iglesia episcopal pero luego regresó a la grey católica. El juez Anthony Kennedy usualmente vota a favor de la tendencia conservadora pero en algunas ocasiones ha dado el voto decisivo en contra. Es asiduo a la misa anual conocida como "Red Mass" que se celebra para los profesionales de las leyes en la Arquidiócesis de Washington.

Otros dos jueces _ Ruth Bader Ginsburg y Stephen Breyer _ son judíos. Cuando se jubile el juez David Souter, un episcopalista, John Paul Stevens será el único protestante en el alto tribunal.

Sotomayor se graduó de la Escuela Secundaria Cardenal Spellman en el Bronx en 1972, una época en que las monjas aun llevaban hábitos, niños y niñas tenían clases separadas y era frecuente que los maestros preguntaran a los jóvenes si sentían el llamado a dedicarse a Dios.

Sergio Sotolongo, ex compañero de clases de Sotomayor en la escuela secundaria y en la Universidad de Princeton, dijo que en esa época ir a la iglesia era algo natural.

"Yo también soy de ascendencia hispana y en esa época era difícil ver a una familia hispana que no iba regularmente a misa", dijo Sotolongo, quien se crió en el este de Harlem y ahora dirige un grupo de ayuda a estudiantes.

En Princeton, recordó Sotolongo, la misa más popular era la de las 4 de la tarde los domingos y allí vio a Sotomayor "un par de veces".

En 1976, Sotomayor se casó con su novio de la secundaria, Kevin Noonan, en la Catedral de San Patricio. Se divorciaron siete años después y no se sabe si ella buscó una anulación.

Como hija de puertorriqueños, Sotomayor es un ejemplo de la creciente presencia de los hispanos en la Iglesia Católica. Según varios estudios, los hispanos católicos en Estados Unidos tienden a ser más liberales en temas de justicia social como inmigración, pero más conservadores en temas morales como el matrimonio.

La fuerte presencia católica en el máximo tribunal es una tendencia notable en un país donde esa religión hasta hace no mucho era despreciada.

Pero de ninguna manera la religión de un juez ha sido un factor decisivo en su tendencia de voto.

Ha habido jueces católicos sumamente liberales en la Corte Suprema, como William J. Brennan, y jueces católicos sumamente conservadores, como Antonin Scalia. Brennan, quien estuvo en la Corte de 1956 a 1990, respaldaba el derecho al aborto y se oponía a la pena de muerte. Aun así, hay gente que vislumbra factores religiosos detrás de algunas decisiones judiciales.

En el 2007, el tribunal decidió por cinco votos a favor y cuatro en contra mantener la prohibición federal sobre el aborto de nacimiento parcial. Los cinco jueces que votaron a favor de la prohibición eran todos católicos.

Pero hay muchos que sostienen que la religión no es un factor.

"No existe tal cosa como 'un juez católico'", declaró el juez Scalia en un discurso en el 2007.
"Me parece que mi fe católica escasamente afecta mi trabajo en la corte", expresó.

"Al igual que no hay una manera 'católica' de cocinar una hamburguesa, no creo que haya opinión mía alguna que hubiera sido distinta si yo no fuera católico", añadió Scalia.

- Otra Católica a la Corte Suprema de los EE.UU

Fuente: iEspaña.es (adaptado)

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martes, 1 de septiembre de 2009

El 'burka' llega a nuestras puertas. Por Nicole Muchnik

El uso del velo integral -la ocultación, la no visibilidad de la persona- choca y perturba a los occidentales y plantea el dilema de la tolerancia frente a prácticas religiosas discutidas incluso por los musulmanes.

Para una mujer occidental es muy difícil hablar del burka con frialdad, con la cabeza y no los sentimientos, por lo mucho que nos afecta esa ostentación de sumisión, de servidumbre de la mujer, esa negación extrema de la igualdad entre los sexos. Sin embargo, el problema se encuentra a nuestras puertas. Ya no se trata sólo de simpatizar con nuestras hermanas iraníes, saudíes o yemeníes, que sufren latigazos y lapidaciones, sino de saber qué corresponde pensar y hacer cuando el burka está entre nosotros. Sabemos más o menos lo que ocurre en los países que aplican la sharía, aunque sea difícil hacerse una idea exacta, es decir, ponerse en el lugar de las mujeres sometidas a esos regímenes.

En Afganistán, país del burka por excelencia, la prenda fue introducida a principios del siglo XX por los pastunes. "Es talla única, te presiona terriblemente en la cabeza, no ves el suelo que pisas y pierdes el sentido de la orientación", dicen Anna Tortajada, Mónica Bernabé y Mercé Guilera, que lo han probado. Las secretarias, enfermeras, maestras, han abandonado su trabajo y viven condenadas a la miseria si no cuentan con el sostén de un hombre. Las viudas se dedican a la mendicidad callejera o a la prostitución. Ninguna mujer puede salir a la calle si no va acompañada de su padre, ni acudir a la consulta de un médico varón, ni aspirar a la educación. Las escuelas de niñas, más o menos clandestinas, son objeto de atentados con bombas.

Arabia Saudí, calificada como "la mayor cárcel de mujeres del mundo" por Wajeha Al Huweidar, periodista saudí y activista de los derechos humanos, es el país del niqab, una prenda de pesada tela negra que permite ver mediante una pequeña ventanita a la altura de los ojos. Las mujeres pasan toda su vida bajo la tutela de un hombre: marido, padre, abuelo, hermano o hijo. No tienen derecho a conducir, ni a solicitar un préstamo, ni a viajar sin la autorización del marido o de un hombre de su familia; ni siquiera a pasear solas, so pena de ser detenidas. Tampoco están autorizadas a acompañar a su marido a actos sociales. En los transportes públicos, no pueden entrar por el mismo acceso que los hombres. Una mujer de 70 años a la que la moutawa, la policía religiosa, sorprendió en su casa con dos jóvenes, de los que uno era su hijo de leche, de 24 años, y el otro un vecino que había ido a llevarle pan -un delito llamado khilva-, fue condenada por un tribunal a 90 latigazos.

Más que el burka afgano, es el niqab de obediencia salafista el que podemos ver hoy en las calles de Francia, Dinamarca, Alemania y otros países europeos.

En Francia, la rama de los Renseignements Généraux (RG) (los servicios de inteligencia) encargada de la vigilancia del islam radical tiene censadas a 367 mujeres que llevan el velo completo. Una estadística poco creíble si, por otro lado, se cree que hay entre 30.000 y 50.000 salafistas, entre ellos varios miles de mujeres que llevan velo, y a las que hay que añadir las del Tabligh, otro movimiento fundamentalista y pietista. La más joven de las que llevan el velo completo tiene cinco años. Sólo en Vénissieux, modesto barrio a las afueras de Lyon, circula un centenar de mujeres con velos negros. En Marsella, el 25 de junio, alrededor de unas 15 jóvenes se exhibieron en un centro comercial en un acto de militancia salafista cuyo propósito era "provocar a la sociedad y a su familia".

Estas mujeres plantean un problema en los hospitales, donde algunos médicos han recibido amenazas físicas de maridos que pretenden decidir si su mujer puede dar a luz mediante cesárea. Plantean un problema a la hora de emitir todos los documentos de identidad, en los matrimonios y otras formalidades necesarias para la obtención de los derechos sociales, en el uso de los bancos, los controles en los aviones, la escolarización de las niñas, dado que, en nombre de la laicidad de la escuela pública, "se prohíben las grandes cruces, las quipás, los pañuelos islámicos, sea cual sea el nombre que se les dé". Plantean un problema para los profesores, que no saben a quién devuelven a la niña que ha estado a su cargo. Plantean también un problema de seguridad, algo no despreciable en un país amenazado por los integristas argelinos. Y plantean un problema cuando, como en Italia, los salafistas exigen piscinas para mujeres y, como en Holanda, hospitales musulmanes. "El islam político trata de instaurar un apartheid de sexos en las sociedades libres europeas", dice la escritora turca Necla Kelek.

El movimiento salafista era completamente ajeno a los cinco o seis millones de musulmanes residentes en Francia, originarios del norte de África. Pero en cinco años, según los RG, el salafismo ha atraído tantas conversiones como el Tabligh, el otro movimiento integrista, en 25. Se ha desarrollado a partir de una idea de ruptura -política y religiosa- con Occidente y sus costumbres "corruptas". Para Dounia Bouzar, antropóloga e investigadora asociada al Observatorio del Hecho Religioso, "cuando está en tela de juicio la religión musulmana, todo el mundo deja de aplicar los criterios de razonamiento habituales. Esos grupúsculos que dicen ser salafistas no se inscriben en la historia musulmana, sino que son una derivación moderna, de este último siglo. Toda la estrategia de los salafistas consiste precisamente en hacer pasar sus discursos totalitarios por simples mandamientos religiosos".

Más allá incluso de la legítima consideración de los derechos de la mujer o de los derechos humanos, el velo integral, la ocultación, la no visibilidad de la persona con la que nos cruzamos y a la que hablamos es algo que choca y perturba al occidental, dicen los psicólogos. Sin ese mínimo vínculo corporal no hay relación social posible. "Lo que me inquieta del burka es que estoy siendo observada por una persona que me impide que la observe. Allí donde se encuentra, el burka constituye un atentado contra el buen equilibrio entre dos almas", escribe Agnès Gouinguenette en Golias, una revista de cristianos de izquierda. Occidente se ha esforzado y se sigue esforzando por integrar al otro, por hacer de él su igual en toda circunstancia. El velo nos remite a una alteridad total, a un rechazo absoluto.

"El burka no es bien recibido... No podemos aceptar en nuestro país a mujeres prisioneras detrás de una rejilla, aisladas de toda vida social, privadas de toda identidad. No es ésa la idea que tiene la República Francesa de la dignidad de la mujer", decía hace poco Nicolas Sarkozy en Versalles.

¿Pero dónde está la solución? ¿Acaso una ley contra el burka no supondría llevar a primer plano el temor a una muy hipotética invasión de Francia por los musulmanes integristas? Mientras la Asamblea Nacional crea una comisión informativa sobre el velo integral, Mohammed Moussaoui, presidente del Consejo francés del culto musulmán, recuerda "que ningún texto coránico ordena llevar el burka ni el niqab, que en Francia sigue siendo un fenómeno marginal". Partidario de "una labor pedagógica y de diálogo para convencer a las mujeres de que se incorporen a la práctica del islam moderado", Moussaoui considera, como muchos ciudadanos, que la prohibición sería contraproducente y difícil de aplicar. "¿Vamos a detener a las mujeres que lleven el burka por la calle y obligarlas a quitárselo? Eso hará que la mayor parte de ellas se queden en su casa". Además, si bien es fácil legislar cuando la integridad de la persona está en peligro, como en el caso de la ablación de las niñas, la poligamia y las transfusiones de sangre para salvar vidas de niños, es mucho más difícil cuando se trata de personas adultas convencidas de que se respetan a sí mismas al llevar el velo.

En Francia, como en Alemania, son a menudo francesas y alemanas de origen musulmán, o conversas recientes, las que escogen el burka o el niqab, y aseguran que lo hacen con toda libertad y hasta que se sienten más libres con esa "protección" frente a la mirada de los hombres. ¿Son todos presuntos violadores en potencia? Podemos preguntarnos cómo es posible que estas jóvenes sean capaces de adoptar una prenda que es una provocación pero que no tiene grandes consecuencias para ellas, sin pensar en sus hermanas de Oriente, para las que simboliza la peor de las opresiones. Para Elisabeth Badinter, "sea subversión, provocación o ignorancia, el escándalo es, más que la ofensa de vuestro rechazo, el bofetón que dais a todas vuestras hermanas oprimidas, que -ellas sí- corren peligro de muerte por disfrutar de unas libertades que vosotras despreciáis".


Fuente; ElPaís.com
Autor: Nicole Muchnik (Túnez) es periodista y pintora. Cursó estudios de Psicología y Etnología de l’Ecole Pratique des Hautes Etudes. París. Periodista (Nouvel Observateur 1967-1974). Periodista free lancer : Le Monde Diplomatique, Le Sauvage, El País, Letra Internacional, Letras Libres… Desde 1997, se dedica también a la pintura y Fotomontajes.
Traducción: María Luisa Rodríguez Tapia.

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viernes, 21 de agosto de 2009

Masacre de cristianos cuestiona de nuevo la ley de ofensa al Islam en Pakistán

La masacre protagonizada recientemente por una horda de musulmanes radicales en un barrio de la minoría cristiana de Pakistán, en venganza por la supuesta profanación de un Corán, ha reabierto el debate en el país acerca de la dura legislación por ofensas al Islam que lleva a reacciones fanáticas, desmedidas y salvajes como la producida recientemente.



En Gojra, ciudad en el interior de la provincia nororiental de Punjab, donde el sábado pasado se registraron los disturbios y aún hoy se está de luto oficial, se palpa la tensión, continúan las protestas y las fuerzas de seguridad patrullan el barrio cristiano, cuyos habitantes intentan recuperar las pertenencias que no fueron pasto de las llamas.

En los laterales de los edificios a lo largo de la calle principal se amontonan escombros, muebles destrozados, ventiladores, motores, alambres y utensilios varios que han quedado inservibles, mientras algunas mujeres conversan sentadas sobre esterillas en el suelo.

Al entrar en las viviendas todo está calcinado, las ennegrecidas paredes presentan numerosos pegotes blancos de manchas de ácido y el abrasador calor de casi cincuenta grados contribuye a que las habitaciones desprendan un hedor que se incrusta en las fosas nasales ya desde varios metros de distancia.

"Llegaron cientos de personas, estaban armadas y la mayoría tenían todo el rostro cubierto, sólo se podían ver sus ojos, como los talibanes. Lanzaron botellas con un producto químico. Huimos como pudimos", relató a Efe Viktor, de 40 años, quien perdió a su esposa y hermana, abrasadas vivas por el incendio de su vivienda.

Al menos siete personas fallecieron durante el ataque, cinco de ellas calcinadas y dos por disparos, y una veintena resultaron heridas, dos de las cuales murieron recientemente a consecuencia de las quemaduras, según datos facilitados a Efe por las autoridades.

Los atacantes incendiaron casi un centenar de viviendas y desvalijaron y destruyeron muchas otras, con la excusa de que días antes fieles cristianos habían profanado un Corán durante una boda en una población vecina, aunque las primeras investigaciones desmienten esa versión.

LA MUERTE POR OFENDER AL ISLAM

Los disturbios de Gojra han hecho sonar las alarmas sobre la protección de las minorías en Pakistán, donde más del 96 por ciento de la población es musulmana y está en vigor una estricta legislación que prevé la cadena perpetua por la profanación del Corán y la pena de muerte por difamar al profeta Mahoma.

"La ley contra la blasfemia es una desgracia para Pakistán y tenemos que librarnos de ella", afirmó el gobernador provincial, Salman Taseer, durante una visita a la zona, por la que ya se han pasado varios ministros tanto provinciales como federales.

Entre ellos está el ministro de Minorías, el cristiano Shahbaz Bhatti, a quien el presidente, Asif Alí Zardari, le ha pedido que se quede en Gojra unos días, hasta que se calmen los ánimos.

Por el momento, el Parlamento nacional ha aprobado una resolución de condena, se ha abierto una investigación judicial y las autoridades han prometido indemnizaciones para los afectados así como la reconstrucción de sus viviendas.

Pero los cristianos, que representan menos del dos por ciento de la población del país, se muestran escépticos y muchos de ellos no dudaron en recordar la discriminación de que son objeto en un país en el que los disturbios religiosos más frecuentes afectan a los seguidores de las sectas suní y chií, dentro del Islam.

"Tenemos miedo y esperamos que los hechos lleven al Gobierno a aumentar la protección de las minorías y a esclarecer todo lo que sucedió", expuso a Efe el párroco local Shafique, que llevaba un brazalete negro en recuerdo de las víctimas.


Fuente: ProtestanteDigital.com / Efe

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lunes, 17 de agosto de 2009

Cristianos paquistaníes, el pueblo crucificado

Las paredes con burbujas negras en la recámara de la familia Hameed hablan de un crimen indescriptible. Siete miembros murieron el sábado, seis de ellos quemados, sólo por ser cristianos.

La familia se había apiñado en la recámara, hablaba en susurros, con la espalda presionada contra la puerta, mientras una turba los insultaba.

"Decían: 'Si salen, los matamos''', dijo Ikhlaq Hameed, de 22 años, quien escapó. Entre los muertos hay dos niños, Musa, de seis años, y Umaya, de 13.

El ataque en esta ciudad pobre del centro de Pakistán --la culminación de varios días de disturbios por la acusación de que se había profanado un Corán-- muestra cuán precaria es la vida para la pequeña minoría cristiana en Pakistán.

Quemaron y saquearon más de 100 casas de cristianos el sábado pasado en disturbios que duraron ocho horas, provocados por una turba que según estimaron las autoridades fue de unas 20,000 personas. Además de los siete miembros de la familia Hameed que murieron, resultaron heridas alrededor de 20 personas.

Las autoridades, que dijeron que la acusación sobre el Corán era falaz, presentaron cargos penales ya tarde el domingo y aprehendieron a por lo menos 12 personas. Funcionarios explicaron que el Sipah-e-Sohaba, un grupo extremista chiita proscrito, está entre los responsables de los ataques, la tercera convulsión violenta de turbas anticristianas en la región en las últimas cuatro semanas.

Es frecuente que se trate a los cristianos, que representan menos de cinco por ciento de la población, como ciudadanos de segunda clase en Pakistán, donde el islam es la religión oficial. De hecho, está constitucionalmente prohibido que un no musulmán sea presidente o primer ministro.

LOS MAS POBRES

Mientras que algunos cristianos ascienden para ser funcionarios gubernamentales o administrar negocios, los más pobres trabajan en los peores empleos del país, limpiando escusados y barriendo calles.

Era la clase más pobre la que vivía en la Colonia Cristiana, un pequeño enclave de casas de ladrillo descubierto, donde la turba atacó el sábado. Sus habitantes trabajan como jornaleros y vendedores en el mercado, y es frecuente que ganen mucho menos del salario mínimo de $75 mensuales.

Los Hameed estaban desayunando cuando la turba les cayó encima, blandiendo armas, lanzando piedras y gritando insultos ("¡Perros!'', "¡Agentes estadounidenses!'') por la ventana. Al parecer, el ataque no era particularmente contra los Hameed, sino que tuvieron la desventura de vivir por donde entró la turba y estaban en la casa en ese momento.

Cuando el abuelo Hameed Pannun Khan de 75 años, pintor de casas, abrió la puerta para ver lo que estaba pasando, le dispararon en la sien y cayó al suelo. Entonces, la turba entró a empujones, y el resto de la familia --al menos 10 personas-- huyó a la habitación del fondo y cerró la puerta por dentro. Escucharon cómo la turba saqueaba la casa arrastrando un refrigerador y un armario.

Después, apareció el humo, columnas gruesas y blancas, por debajo de la puerta. "Todo el mundo gritaba para escapar", narró Umer Hameed, de 18 años. "No había oxígeno".

Esperaron todo lo que pudieron, hasta que pensaron que era seguro, y entonces corrieron, pero no todos pudieron salir. Tres mujeres, los dos niños y un hombre quedaron atrapados cuando se derrumbó el techo.

Mientras corría, Ikhlaq Hameed miraba hacia atrás y vio a su tía. "Trató de salir pero la atrapó el fuego'', contó. "Tenía llamas en la cara''.

FALSA ACUSACIÓN

El alboroto comenzó el 22 de julio en un pueblo cercano, cuando se acusó a unos cristianos en una boda de quemar un Corán. Pocos en esta ciudad creyeron eso, y funcionarios estatales y federales que examinaron el caso dijeron que era una falsedad. No obstante, los mulás locales aprovecharon la noticia y presentaron una denuncia por blasfemia en contra de la familia.

Se ha criticado a la ley de la blasfemia en Pakistán por ser demasiado general, y muchos expertos en derecho dicen que se ha hecho muy mal uso de ella desde que el dictador militar, general Muhammad Zia ul-Haq, la introdujo en la década de los años 80. Cualquiera puede levantar cargos, lo que con frecuencia se usa para agitar el odio y justificar la violencia sectaria.

"La ley de la blasfemia se está usando para aterrorizar a las minorías en Pakistán'', dijo Shahbaz Bhatti, el ministro de asuntos de las minorías de Pakistán, en una entrevista en Gojra el domingo pasado.

Los atacantes en esta ciudad dejaron un rastro de quemazón y destrucción a su paso. La casa de los Hameed era un cascarón chamuscado, en el cuarto central había un montón de fierros retorcidos: ventiladores, bicicletas, juguetes de niños y una jaula que había albergado pericos. La cocina estaba vacía, excepto por una tetera y un diccionario de inglés medio quemado y abierto en la palabra "inmoral''.

Los cristianos de esta ciudad protestaron todo el domingo pasado, bloqueando las calles y negándose a enterrar a los Hameed hasta que las autoridades levantaran los cargos penales. Ya tarde el domingo, las autoridades lo hicieron, y se enterraron los cuerpos. Eso fue poco alivio para los Hameed.

"Ahora ya no tenemos nada'', dijo Ikhlaq, con ampollas en la mano y el brazo. "Nuestra familia. Nuestra casa. Ya no queremos seguir viviendo aquí''.


Fuente: ElNuevoHerald.com / Miami Herald
Autor: Abrina Tavernise /TNYT Gojra, Pakistán (Con la colaboración de Waqar Gillani)

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martes, 4 de agosto de 2009

Siete cristianos mueren quemados por musulmanes en Pakistán

Los autores del incendio son un grupo de musulmanes que protestaban por la supuesta profanación de el Corán
Siete cristianos han muerto abrasados y otras 18 personas han resultado heridas durante el incendio de unas 50 viviendas y una iglesia ("75 viviendas y 2 iglesias" según AsiaNews.it) a manos de una multitud de musulmanes que protestaban por la supuesta profanación de un Corán en la región del Punjab, en el noreste de Pakistán, país que cuenta con un 2% de su población cristiana, según ha denunciado en un comunicado la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán.

El suceso tuvo lugar ayer por la tarde en la ciudad de Gojra, que vive la violencia religiosa desde el pasado jueves, día en el que, según los musulmanes, varios cristianos quemaron un Corán. La mayor parte de los actos violentos, según cita una cadena de televisión pakistaní, han sido cometidos por jóvenes con las caras cubiertas con pañuelos. Tras la supuesta quema de el Corán el jueves, ayer algunos simpatizantes de los partidos musulmanes se reunieron en la plaza de Malkanwala, desde donde cientos de personas se dirigieron a una zona residencial poblada por cristianos. Al menos 10 personas resultaron heridas por disparos y pedradas de los vecinos, lo que llevó más tarde a los manifestantes a entrar en la colonia, incendiar unas 50 viviendas y bloquear el tráfico durante varias horas.

La mayoría de los residentes de la colonia han logrado escapar y ponerse a salvo, pero al menos siete personas quedaron atrapadas en sus casas por las llamas y fallecieron abrasadas.

La policía empleó gases lacrimógenos para dispersar a la multitud y varios funcionarios acudieron poco después al lugar para convencer a los líderes religiosos que encabezaban las protestas de que pusieran fin a los altercados.

La comunidad cristiana de la cuidad ha anunciado que no se hará cargo de los cadáveres ni los enterrarán hasta que el jefe del Gobierno provincial de Punjab, Shahbaz Sharif, visite la zona y garantice la seguridad de sus vidas y propiedades. El primer ministro paquistaní, Yusuf Razá Guilani, ha ordenado abrir una investigación para determinar si realmente se ha producido la profanación de el Corán que ha dado lugar a los altercados.*

Fuerzas de seguridad patrullan zona de violencia religiosa contra cristianos

Miembros de las fuerzas de seguridad paquistaníes patrullan hoy la ciudad nororiental de Gojra, que fue escenario ayer de un brote de violencia religiosa durante el que murieron siete cristianos por el incendio de sus casas.

Según informó el canal televisivo Geo Tv, un portavoz oficial aseguró que la situación está ya bajo control y que mejorará aún más, pese a que los cristianos llevaron hoy los cadáveres por las calles para pedir el arresto de los responsables.

Los disturbios ocurrieron este sábado por la tarde en la ciudad punjabí de Gojra, que había sido objeto de la violencia religiosa desde el jueves, día en el que, según los musulmanes, varios cristianos profanaron un Corán.

"Algunos musulmanes locales acusaron a Talib Masih, Mujtar Masih e Imran Masih de quemar el Corán. Los acusados lo negaron vehementemente, pero una multitud de musulmanes enfadados liderados por predicadores quemaron varias casas de cristianos", denunció en un comunicado la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán.

Durante los disturbios, más de 50 casas de cristianos y una iglesia fueron incendiadas por una multitud que se reunió en la plaza de Malkanwala y luego marchó hacia la zona de la ciudad habitada por los cristianos.

Los agresores prendieron fuego a varias viviendas y, aunque la mayoría de los residentes lograron escapar, al menos siete personas fallecieron abrasadas en los incendios.
En vista de lo sucedido, el presidente del país, Asif Alí Zardari, ordenó hoy al Ministro de Minorías, Shahbaz Bhatti, que se desplace a la zona para contribuir a la normalización de la situación, según un comunicado presidencial.

Zardari aprovechó para realizar un llamamiento a la concordia, pero mostró su preocupación por las víctimas de la violencia y por las "señales equivocadas que (los acontecimientos) envían sobre el país a la comunidad internacional", según la nota.

Los disturbios son ya objeto de una investigación judicial, lo cual, a juicio de Zardari, "dará algo de confort a las víctimas" y servirá para llevar a los culpables a la justicia.

Por el momento, la Policía ha registrado una denuncia contra diecisiete personas identificadas y otras 783 no identificadas bajo la acusación de asesinatos, intentos de asesinato y terrorismo, tras su supuesta participación en los disturbios.

Y además, las fuerzas de seguridad han arrestado a un centenar de personas por los hechos, dijo el ministro de Justicia, Rana Salaullah, en declaraciones al canal televisivo Geo Tv.

El jefe del gobierno de la región del Punjab, Shahbaz Sharif, ha anunciado una ayuda de 500.000 rupias (unos 6.000 dólares) para cada familia de los fallecidos.

Los cristianos componen menos del 2 por ciento de la población de Pakistán, un país mayoritariamente musulmán donde la profanación del Corán puede acarrear la pena de muerte.

Los disturbios religiosos no son infrecuentes en Pakistán, aunque por lo general enfrentan a los seguidores de las sectas suní y chii, dentro del Islam.**


Fuente*: El País.com
Fuente**: ADN.es
Fotografía: Un cristiano contempla los destrozos causados por el fuego en su vivienda en Gojra, en el Punjab. Reuters / El País.com

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